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23/05/2022 14:13 hs

¿Hay que poner límites al humor?: «A veces lo utilizamos para esconder otras cosas»

- 23/05/2022 14:13 hs
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Cuando nos sentimos felices y en calma, áreas como la imaginación y la creatividad se ven potenciadas.
Solemos asociar el humor con un estado de felicidad y bienestar. Y es que cuando nos reímos en nuestro cerebro se liberan una serie de sustancias bioquímicas muy beneficiosas para nuestro organismo. Sin embargo, esa risa en ocasiones se ensombrece cuando ciertos comentarios jocosos pasan a ofender a determinadas personas. Entonces, ¿dónde está el límite?

Cuando nos reímos –explica Lucía Feito, psicóloga en el Instituto Psicológico Cláritas– en nuestro cerebro se liberan unas sustancias bioquímicas que nos generan una sensación de bienestar. «Estas son la dopamina, encargada de elevar nuestro estado de ánimo; endorfinas, que generan un estado de tranquilidad, pues son un analgésico natural; y adrenalina, que nos hace estar más receptivos y alerta».

A su vez, el humor hace que desciendan los niveles de cortisol, más comúnmente conocido como 'la hormona del estrés', lo que hace que disminuyan nuestros niveles de ansiedad y entremos en un estado de relajación.

Feito indica que son muchos los estudios que hablan sobre los beneficios del humor, no solo a nivel físico, sino también psicológico y social. «La segregación de endorfinas y adrenalina ayuda a obtener un mayor bienestar. Así, sentirnos mejor con nosotros mismos ayudará a incrementar la autoestima y nuestro autoconcepto».

También destaca la psicóloga que, cuando nos sentimos felices y en calma, áreas como la imaginación y la creatividad se ven potenciadas.

Por otra parte, el humor ayuda y facilita la expresión emocional, es decir, exteriorizar emociones positivas en lugar de desagradables. «Cuando sentimos felicidad y bienestar necesitamos más compartir con los demás y aumentar nuestras relaciones interpersonales, así como mejorar las que tenemos. Además, al sentirnos más a gusto con nosotros mismos tendremos una mayor habilidad y capacidad para gestionar conflictos o malentendidos con los demás, para ponernos en el lugar del otro y para flexibilizar y llegar a acuerdos», expone Feito.

Paula Rueda, psicóloga online en MediQuo PRO, manifiesta que el desarrollo del sentido del humor es diverso, al igual que cada persona. «Y es que cada uno nos hemos educado en contextos diferentes y nos hemos visto expuestos a distintas situaciones».

La risa contagiosa, por ejemplo, tiene mucho sentido, porque desde que somos pequeños aprendemos por imitación, y el identificar una situación como graciosa también la aprendemos así: viendo cómo otros se ríen y disfrutan de lo que ha pasado o lo que alguien ha dicho. «Repetimos aquello que ha sido divertido o nos ha funcionado para reírnos, ya que nos gusta reírnos y ser felices, pero el que los demás lo sean también nos aporta y nos gusta», expresa la psicóloga.

¿Hay que ponerle límites al humor?

Rueda no lo considera límites, sino un desarrollo de empatía: «Si lo que a mí me hace gracia o la broma que yo hago se basa en las desgracias o el mal ajeno, y no solo me río y me divierto, sino que además me da igual cómo esa persona pueda sentirse, no estaré actuando correctamente».

«Diferente es si me río de mí mismo o de situaciones donde no se ven afectados otros de forma negativa, o estoy en un entorno de confianza donde sé que esas personas no van a molestarse. Entonces, ¿por qué no?», comparte la psicóloga.

Por su parte, Feito opina que sí hay situaciones en las que nos equivocamos, porque utilizamos el humor para esconder otras cosas: «Muchas personas usan el sentido del humor para tapar hechos que les generan dolor, angustia o sufrimiento. Y esto no es sano, pues nunca lograremos conectar, gestionar y resolver lo que nos genera sufrimiento al taparlo con ese 'falso humor'».

Los chistes me ofenden, ¿cómo gestionarlo?

En general, los chistes o la comedia nos pueden hacer más o menos gracia, pero Feito insiste en que no deben ofendernos. «Otra cuestión es que estemos hablando de 'chistes negros', 'chistes verdes' o 'chistes machistas'. En este caso, ya estamos traspasando la línea del humor para meternos en creencias, ideologías, moralidad y una serie de aspectos que ya nos tocan de otra manera».

Habría que analizar cada situación, pero esta psicóloga piensa que en la mayoría de estas ocasiones estos chistes se hacen para provocarnos, por lo que nuestra mejor arma sería la ignorancia, es decir, no mostrarnos ofendidos o dolidos. «Otras veces, si no se trata de una provocación, con educación podemos pedir que por favor reformule su comentario, que retire lo dicho o que te pida disculpas».

Es importante que no entremos en una dinámica de disputa, pues esto terminará haciendo que nos sintamos mal con el otro y con nosotros mismos, sin llegar a ninguna solución y sin establecer ningún límite sano que nos permita defendernos y evitar que la situación se repita.



ABC

Foto: Adobe Stock

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