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08/05/2020 16:31 hs

¿Pudo una neumonía hace un año haber sido coronavirus? Cuál es el “eslabón perdido” de la pandemia

Argentina - 08/05/2020 16:31 hs
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Después de que se supiera que hubo Covid-19 en Francia antes que en China, un experto en virología del CONICET explica dónde, cómo y cuándo se dio realmente el salto del virus de los animales al “caso cero” en humanos.

Quizás el portavoz de la Organización Mundial de la Salud no midió el efecto que generarían sus dichos, pero, después de escucharlo, cientos o miles de personas deben haberse quedado estupefactas preguntándose “¿Y si esa neumonía, aquella vez...?”. Lo que Christian Lindmeier hizo esta semana fue lanzar un pedido internacional, a raíz de la noticia de un supuesto “caso cero” de coronavirus en Francia (previo a los reportes de Wuhan, China): solicitó a los países “rever” las muestras del año pasado compatibles con neumonía, de modo que puedan reevaluarse a la luz del Covid-19. Todo se enmarca en una pequeña odisea científica: determinar el origen de la pandemia, ese “eslabón perdido” o el instante en el que el coronavirus saltó, con éxito, de los animales a los humanos. ¿Pudo haber sido mucho antes de este verano? ¿Y pudo haber ocurrido en más de un lugar a la vez?

Jorge Quarleri, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS), dependiente de la UBA-CONICET, y un apasionado del tema, detalló los pormenores de lo sabido hasta ahora, además de graficar la foto de lo que se puede especular, conociendo los caprichos de estos agentes infecciosos.

Hay que decir que en la charla con estudiosos de la talla de Quarleri es fácil quedar pedaleando en falso con preguntas como “¿Y la gripe que tuve hace un año pudo haber sido...?”. Elocuente, el investigador dijo: “Los humanos tardamos 8 millones de años en modificar un 1% de nuestro genoma. A un virus como este, esa tarea le lleva unos días nada más”.

La cuestión, dijo, es que “no se puede afirmar ni tampoco, a priori, descartar que una neumonía ocurrida el año pasado o incluso antes haya sido coronavirus”. Es más complejo.

Érase una vez

Quarleri explicó que el coronavirus que hoy nos tiene en una tediosa cuarentena podría haber comenzado a intentar “pasarse” a los humanos no este verano, no en diciembre sino varias décadas atrás. El científico lo explicó trayendo a colación dos papers no publicados, cuyo preciado contenido se encuentra en etapa de evaluación. Los autores son prestigiosos expertos de institutos en Inglaterra, Estados Unidos, Bélgica, Dinamarca y China, entre otros.

“Estos estudios aproximan, con cálculos basados en estadística, que el virus SARS 2 que hoy genera esta pandemia y el de los murciélagos -entre cuyos genomas hay un 96% de homología- confluyen en la historia en un ancestro común, entre 40 y 70 años atrás”, explicó.

El dato sorprende sí, pero no a los virólogos. Es que, por ejemplo, “el VIH fue identificado en 1983, tras una avalancha de casos de neumonía con inmucompromiso. No obstante, la datación de ancestralidad (más allá de lo que existan registros de infecciones compatibles con VIH en los años 50) indica que el paciente 'cero' infectado con VIH ocurrió en 1921. No es que hayamos encontrado a una persona infectada en ese momento sino que es un cálculo a partir del material genético y las variaciones del virus en el tiempo”.

Quarleri recordó que “si bien muchos coronavirus viven en las células de hospedadores no humanos, hay siete identificados que provocan infecciones en las personas. Para estudiar este coronavirus en particular, uno se vale de antecedentes de inmediatos en 2001, 2002, 2003, cuando se vio el coronavirus productor de SARS y el posterior productor de MERS, en 2012. Estos virus mostraron que tenían un origen o parentesco con otros coronavirus, cuya presencia había sido definida en murciélagos".

Pero, ¿hasta dónde un murciélago toma contacto con un humano? A partir de lo remoto de ese vínculo es que surgió la hipótesis de “hospedadores intermediarios” que hicieron las veces de “enlace” o “puente” a los humanos. Y de ahí, la referencia a los pangolines y a los mercados de animales exóticos en el sur de China.

Pero, ¿y el paciente de Francia? Quarleri explicó que esto requiere aclarar el “abc” de cómo evolucionan los virus.

Viento en popa

Con palabras llanas para "bajar" una materia complejísima, el virólogo explicó cómo los murciélagos ni siquiera se enferman con estos patógenos. Es decir, su sistema inmunológico logró tenerlos "bajo presión". Y es en esas condiciones que el virus (en respuesta, no a un sistema de valores como "el bien y el mal" sino a su naturaleza más esencial), busca alojarse en otro lugar.

Pero "saltar" de especie le representa un gran esfuerzo, además de un riesgo que en la mayoría de los casos termina en la nada. Quarleri definió esa suerte como la gran chance para el virus de convertirse en un “monstruo estéril”.

Un virus hace una infinidad de intentos infructuosos antes de dar el “salto” a otro huésped o “casa” donde intentará seguir replicándose. Se deben dar condiciones muy particulares para que la operación sea “exitosa”. Lejos de planificar el “cómo”, el coronavirus, en particular, genera su adaptación al nuevo medio de manera aleatoria, a través del azar, recombinando su complejo y enorme genoma.

“Enorme” porque el virus del Covid-19 tiene un genoma el doble de grande que el de la influenza y diez veces mayor que el de la hepatitis B​.

¿Qué sentido tiene detallar este mecanismo de supervivencia y replicación de parte de un agente que ni siquiera puede concebirse como ser vivo? Que permite visibilizar la existencia de una historia detrás de la pandemia. Hoy, cientos de científicos en el mundo intentan reconstruirla.

Cosmopolita

“En este momento no podemos decir que el salto se pueda adjudicar a un evento único ocurrido en China. No se puede aseverar de ninguna manera. Es cierto que hay condiciones que hacen pensar que fue así: el consumo de animales vivos que son hospedadores de estos virus, el hecho de que sea una zona superpoblada... en fin, uno oye música y todo indica que la orquesta está ahí", describió.

Pero "apelando al conocido mito griego, la caja de Pandora se pudo haber abierto en otro lugar”, matizó Quarleri, en referencia a la intromisión que los humanos estamos haciendo "al entrometernos en la ecología de otros seres vivos, lo que nos expone a patógenos diferentes. Y no solo virus".

Por ejemplo, dijo, “el saltito pudo haber ocurrido en múltiples instancias previas a esta 'gran instancia', pero con resultados infructuosos en los que el virus no logró lo que quería: adaptarse a los humanos, su nuevo hospedador. Entró en distintos callejones sin salida hasta que finalmente logró la transmisión interhumana".

Volviendo al paciente de Francia, hay al menos un par de opciones que deberían ser estudiadas, explicó. Porque o fue una infección resultado de uno de esos intentos infructuosos, como si hubiera sido una línea “discontinua” en la larga historia de intentos de "saltar" a los humanos; o, en cambio, podría haber llegado desde China.

“Estamos hablando de una infección respiratoria que en la mayoría de los casos no produce síntomas. No es que genera cambio de color de ojos y es muy visible. Hay muchísimas maneras de que esa persona se haya infectado por terceros que sí tuvieron contacto con China”, explicó.

Y, además, “podría haber habido un salto enorme muy exitoso en China y otro en París. Para entender todo hay que estudiar la ancestralidad de uno y otro lugar y hacer los cálculos correspondientes", dijo, y agregó: "No se puede descartar que el salto del coronavirus SARS-CoV-2 al humano haya ocurrido en diferentes eventos temporal y geográficamente distantes".

Fuente: Clarín
Foto portada: German Garcia Adrasti

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