Fiebre de luna llena
Edición del 20 / 07 / 2019
                       
09/07/2019 11:15 hs

Blindaje, megacanje y corralito: la emergencia económica marcó los dos años del gobierno de De la Rúa

Argentina - 09/07/2019 11:15 hs
Sostener la paridad entre el peso y el dólar heredado de Carlos Menem significó una trampa desde el primer día de su gestión.
Podría decirse que el Gobierno de Fernando de la Rúa nació condenado. Sostener el "1 a 1", es decir la paridad entre el peso y el dólar, en un contexto de "super dólar" a nivel global y en un contexto de déficit fiscal heredado de Carlos Menem significó una trampa desde el primer día de gestión. Su primer ministro de Economía, José Luis Machinea, incluso se transformó en un férreo defensor de la Convertibilidad sabiendo todos los inconvenientes que tenía el sistema que tantos resultados le había dado al menemismo sobre todo en la primera etapa.

La Alianza había llegado al poder con la esperanza de dejar atrás diez años de menemismo, con un discurso que hacía hincapié sobre todo en la transparencia y dejar atrás los episodios de corrupción que salpicaban al anterior gobierno. Sin embargo, la crisis económica y el agravamiento de una ya delicada situación financiera fue lo que marcó al Gobierno de de la Rúa.

Los problemas arrancaron ya en el primer trimestre del año 2000, con la recordada "tablita de Machinea", un esquema que aumentaba la presión del impuesto a las Ganancias sobre los salarios. Aquella medida, destinada a equilibrar las cuentas públicas ante el fuerte déficit fiscal heredado de la última etapa del Gobierno de Carlos Menem.

Sin embargo, muchos consideraron que aquella decisión frenó la recuperación de la economía que se empezaba a vislumbrar en el segundo semestre de 1999. Las dificultades para recuperar el crecimiento económico, el escándalo de las coimas en el Senado por la ley laboral y las evidentes restricciones que planteaba mantener viva la Convertibilidad generaron una crisis de confianza entre los inversores.

La renuncia de Carlos "Chacho" Alvarez, su vicepresidente, no hizo otra cosa que profundizar una crisis que no sólo era económica sino también política. Y a partir de mediados del año 2000, a pocos meses de su asunción, los acontecimientos se precipitaron.

Primero fue la reunión del FMI en Praga, la primera en donde surgieron las grandes manifestaciones contra la globalización. Pero allí también el entonces secretario de Finanzas, Daniel Marx, comenzó a tejer lo que un par de meses más tarde terminaría siendo el "blindaje", un millonario paquete de ayuda encabezado por el FMI, pero en el que también intervinieron otros organismos multilaterales, bancos internacionales y hasta el Gobierno de España, como una forma de apoyo a las empresas que habían realizado grandes inversiones en el país.

Esos USD 40.000 millones generaron una calma temporal que dio lugar a aquella frase de De la Rúa que quedó en la memoria popular: "Qué lindo que es dar buenas noticias", dijo antes de las navidades. Pero la tranquilidad duraría muy poco.

La continua suba del riesgo país, que ya para marzo de 2001 superaba los 1.000 puntos, obligaba a tomar otras medidas de emergencia. Allí de la Rúa optó por una salida ortodoxa, que fue convocar a Ricardo López Murhpy para que se hiciera cargo de la economía. La decisión del economista de FIEL fue jugar fuerte y anunció fuertes recortes para alcanzar rápidamente el equilibrio fiscal.

Pero duró un suspiro. El recorte de salarios y de gastos en general del 15% fue demasiado dura para digerir en aquel momento. Las protestas sobre todo en las universidades fue tal que a menos de dos semanas de su asunción, De la Rúa le pidió la renuncia.

Para reemplazarlo, el ya muy debilitado presidente jugó su última carta. Convocó a Domingo Cavallo para que lo ayudará a buscar una salida, que eventualmente también incluyera una salida ordenada de la Convertibilidad. El padre del "1 a 1" implementó planes de competitividad para los sectores más complicados por el atraso cambiario y hasta ideó un "factor de empalme" para las operaciones de comercio exterior. Así intentó que el peso no estuviera sólo atado al dólar sino también al euro.

Pero mientras tanto los mercados seguían sin responder y el riesgo país ya estaba por las nubes, dejando en claro que no había un sólo dólar más disponible para financiar el déficit fiscal de la Argentina. Tampoco había sido suficiente el blindaje acordado meses atrás.

La salida negociada por Cavallo con su amigo David Mulford, número uno del Credit Suisse, fue encarar un megacanje: reestructurar en forma voluntaria la deuda con los grandes bancos y fondos internacionales. Se consiguió una millonaria aceptación, pero a un costo altísimo, porque la tasa de interés superaba el 15% en dólares. Impagable para cualquier gobierno.

Ya para octubre la corrida sobre los depósitos en dólares era indisimulable. La crisis financiera había llegado a la "calle" y las colas en los bancos para retirar las colocaciones en moneda dura se volvieron cotidianas. Para fin de noviembre de 2001 varios bancos comenzaron a retacear los depósitos a sus clientes y las filas en algunos bancos eran de hasta dos cuadras.

Allí se decidió recurrir a la medida quizás más tristemente recordada para el público y que selló el final del Gobierno de de La Rúa; el corralito. Se dispuso que sólo sería posible retirar 150 pesos o dólares por mes de las cuentas en efectivo. El resto de los fondos debían permanecer dentro del sistema, utilizando tarjeta de débito para efectuar compras u otro tipo de transacciones.

Pero ya para entonces el descontento y el malestar se volvieron mayúsculos, empezaron los fuertes cacerolazos contra los bancos y en el microcentro la mayoría de las instituciones se vio obligada a cerrar sus puertas y extremar las medidas de seguridad.

Todo terminó con las corridas en Plaza de Mayo y luego sobre Avenida de Mayo, fuertes protestas y una gran cantidad de muertos en medio del descalabro financiero. La renuncia del presidente Fernando de la Rúa fue inevitable y quedó grabada la imagen del helicóptero abandonando la Casa Rosada.

Luego llegaría la semana de los cinco presidentes y posteriormente la salida de la Convertibilidad, que había durado casi 11 años. Llegarían el default, el "corralón" y la pesificación de los depósitos y también de los contratos de servicios públicos. Pero ésa es otra historia.

Infobae

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