Mundial 2018
Edición del 22 / 06 / 2018
                       
12/03/2018 18:30 hs

Le diagnosticaron cáncer, perdió el pelo y creó una marca de turbantes

Argentina - 12/03/2018 18:30 hs
Carmela dice que ahora se ríe de todo, que jamás perdió su espíritu inquieto, alegre, chistoso y divertido. Es muy raro verla de mal humor. "Desde que estoy enferma, no sólo no me enojo sino que no me pongo triste. Me cago de risa de la vida, y de la muerte también. Creo que nada es más fuerte y poderoso que un alma con ganas de comerse el mundo como lo siento yo", expresa. Conocé su historia.
A Carmela Bustelo (21) le diagnosticaron un linfoma Hodgkin y se prometió no dejarse vencer por la enfermedad: "En el momento donde me topé cara a cara con la muerte, es donde más viva y aferrada a la vida estoy", asegura.

"Dios no comete errores", dice el único tatuaje que tiene en su cuerpo. Se lo hizo en 2015, cuando todavía ni siquiera imaginaba lo que la vida le tenía preparado. "Sé que hay algo superior que maneja todo esto y tiene una misión para cada uno. A cada uno le toca lo que le tiene que tocar. Está en uno tirarse en la cama a llorar o levantarse con diez veces más fuerza y hacerle frente a lo que le toque, sea bueno o sea malo", dice Carmela Bustelo (21) con una fortaleza y convicción que emocionan.

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Octubre de 2017 la encontró en su departamento con un grupo de amigas preparando una maqueta para una de las materias de la carrera de Arquitectura que cursa en la Universidad de Belgrano, cuando una amiga le dijo: "Carme, cuando me vuelvo a casa te dejo en el sanatorio porque no podés seguir con ese resfrío. Hacete ver así te quedás tranquila". Hacía cuatro meses que una tos seca e intermitente la perseguía. "Es alergia", le habían dicho un neumonólogo y un médico clínico, así que tomó la medicación que le habían indicado y siguió con su vida.

Pero esa tarde todo cambió para ella. Vestida de "entrecasa", con poca batería en el celular y la credencial de la prepaga, entró a la guardia del sanatorio. Allí le hicieron el examen de rutina pero sumaron una radiografía de rostro y torax porque Carmela manifestaba dolores en los párpados y una molestia para respirar. Pensaron que era sinusitis y quisieron descartar ese cuadro. "Cuando llegué al consultorio con la placa, a la médica se le transformó la cara. ¿Fumás?, me preguntó. Yo en mi vida había tocado un cigarrilo. ¿Tenés alguna operación?, agregó. Nada. Jamás siquiera me habían cosido". Es que en la radiografía se veía una mancha sospechosa. Entonces la doctora le dijo que se hiciera una tomografía y estudios de sangre. Y le recomendó que llamara a alguien para que la acompañara.

"Yo soy de Bahía Blanca pero ahora vivo en capital. Llamé a mi papá, que también vive en Buenos Aires, y le dije que se acercara a la guardia, que me había hecho estudios y se veía algo raro. Yo pensaba que me iban a decir que tenia alguna infeccion o algo mínimo. Había entrado a las tres de la tarde y ya eran las nueve de la noche. Cuando me llamó la médica para que le mostrara la tomografia, me dijo que me tenía que quedar internada porque se veía una masa del tamaño de mi pulmón izquierdo. Me decía que si hubiera llegado dos meses después, seguramente iba a estar sin aire por la presión que estaba haciendo esa masa sobre mis pulmones. Yo lloraba pero no entendia muy bien qué pasaba, hasta que mi papá le preguntó si con una masa se refería a un tumor, y la médica le dijo que sí", recuerda ella.

Carmela rompió en llanto, no entendía absolutamente nada. Fueron quince minutos de angustia hasta que se secó las lágrimas y le dijo a la médica que iba a hacer todo lo que le indicaran. "A partir de ahí, mi familia entendió cómo me iba a tomar esto yo, y por suerte se subieron a mi tren, como dicen ellos. Vamos todos tirando para el mismo lado, porque por estar tirada en la cama pataleando no se va a pasar más rapido ni mejor, al contrario, con buena onda todo es mucho más fácil", dice. Lo que siguió fueron estudios, análisis, siete días internada con una operación para tomar muestras y ver qué tipo de tumor era. Una semana después se confirmó el cuadro: era un linfoma de Hodking, Carmela iba a necesitar seis meses de quimioterapia y mantenerse fuerte para enfrentar lo que vendría.

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TRANSFORMARSE

Carmela siempre había estado orgullosa y enamorada de su largo pelo, que llevaba por la cadera y creyó que esa iba a ser la parte más difícil de transitar. "Era casi seguro que se me iba a caer por las drogas que me daban así que decidí cortármelo por los hombros, y con lo que me cortaba hacerme peluca. Puse la mente en blanco y fui. Aguanté dos meses con el pelo así. Hasta que ya no daba para más: me bañaba y se me caía de a pedazos, entonces me lo corté cortito, que es como lo tengo ahora", explica.

Es coqueta desde que tiene memoria y no podía imaginarse usando los pañuelos feos y sin onda que veía en las películas, sentía que no iba a ser ella si no estaba canchera. "Cuando empecé a usar la peluca, me resultaba incómodo usarla sin nada, sin ningun pañuelo, vincha o gorra. Por eso decidí mandarme a hacer un par de turbantes con telas copadas que tenía en mi casa. Mis amigas venían a visitarme y se las probaban, me preguntaban dónde las habia comprado, así que dije tengo que hacerlas para vender. Además pensaba en las chicas que están pasando por mi misma situación y no saben qué hacer, qué ponerse, o que son inseguras y el tema del pelo las deprime un montón", cuenta entusiasmada.

Por eso nació Las Cholas, porque Chola le dicen sus amigas y para contagiar seguridad y alegría en momentos difíciles. "Yo tengo una personalidad muy fuerte y segura, por eso creo que todas deberíamos ser cholas y entender que lo lindo no pasa por tu pelo, tu físico o tu peso. Creo y confirmo día a día que la belleza es otra cosa. Toda la gente que me conoce, hasta mi mamá, me dice que tengo otra cara. Que estoy llena de luz, de energía, que estoy linda, y es porque yo me siento así. Me siento plena y viva. Suena ilógico, pero en el momento en el que me topé cara a cara con la muerte, es cuando más viva y aferrada a la vida estoy".

Dice que se ríe de todo, que jamás perdió su espíritu inquieto, alegre, chistoso y divertido. Es muy raro verla de mal humor. "Desde que estoy enferma, no sólo no me enojo sino que no me pongo triste. Me cago de risa de la vida, y de la muerte también. Creo que nada es más fuerte y poderoso que un alma con ganas de comerse el mundo como lo siento yo. Siempre fui muy histriónica, pero ahora de verdad me creo lo más con peluca, pelada, con turbante o vincha. Soy mucho más que mi pelo y que un par de células cancerígenas", asegura entre risas.

Ese es precisamente el mensaje que quiere transmitir con su emprendimiento. Empezó haciendo diez turbantes y, con una amiga que la ayudó a sacar fotos de los diferentes modelos, abrió una cuenta de Instagram para mostrar el producto. Al día siguiente tenía 1.500 seguidores, un montón de famosas lo habían publicado en sus historias, la gente no paraba de hablarle y dice que le estallaba el celular. "Le dije a mi mamá que llamara al modisto, que íbamos a tener que hacer muchos más turbantes. Las chicas me escriben de todos lados del país y hasta me pidieron vender al por mayor marcas re copadas. No lo puedo creer. Mi psicóloga hace un mes me dijo el peor momento de tu vida puede ser el mejor momento de tu vida y realmente es asi. Trato de reinventarme cada dia, de renacer".

Jimena Barrionuevo / OHLALÁ!
Foto: Raúl Maldonado

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