Trabajos extremos
Edición del 23 / 09 / 2017
                       
05/09/2017 11:14 hs

Santa Nora

Río Cuarto - 05/09/2017 11:14 hs
Un cuento que toca la realidad, una mirada, una reflexión y mucho más... 

De Pijuí me hice amigo allá en los inicios de la década del setenta. En el Fénix, sobre el final del pasaje Viracocha, en ese baldío ilustre, el que ahora cobija nuevas construcciones, todas las tardes al volver del cole, nos juntábamos a jugar a la pelota. En ese barrio y después al que posteriormente me mudé, me encontré con tipos de la misma estirpe. El Pijuí era un mediocre jugando al futbol, del montón, en el transcurso del partido o en otro juego se le podía decir culiau, boludo, burro, maricón o cualquier otra barbaridad. Lo complicado, lo que lo ponía en guardia, lo que le producía un enojo sublime, era que putearan a su madre. Si no le dabas las disculpas del caso, Pijuí te molía a puñetazos y para las piñas era letal.
Al mudarme al Buena Vista me hice compinche del Tolo. Ya era más grande, andaba a los saltos entre la pubertad y la adolescencia. El Tolo, seguro sin saberlo, cuando surgía una disputa, parecía copiar a Pijuí, gritaba: Ojo, con la vieja nó, con ella no, la vieja es sagrada, y si no se escuchaba un discúlpame urgente, te trituraba a palos. Esas cosas se aprenden en la casa, en el barrio, en la canchita, en la esquina, en la plaza, en la vida. Y no hace falta estudiar leyes, ni ir a la facultad para entender que esa mujer que te daba la leche con un pan con manteca antes del fulbito era tu mamá y, que las mamis, las viejas, son intocables. Pappo lo cantaba en cada recital: No hay nadie como mi mamá.
No lo conozco personalmente al pibe, lo imagino hincha del celeste y amante del buen cine. Un amigo escritor me ha contado que hoy cursa Política Internacional en La Sorbona, que se recibió de abogado en la Universidad Católica de Córdoba con todos los honores y que en el fondo de sus ojos brilla una tristeza inmaculada. Muchas veces, cuando la Prensaperra mencionaba a su madre, confieso que me acordaba del tipito. Hablo de Facundo, también de su hermana. Los hijos de Nora. Los hijos de la mujer muerta, esa que se utilizó como un botín para escribir con morboso placer.
El amigo escritor, en una charla informal en el café de la galería del Ángel, decía que nunca pudo entender tanto cinismo alrededor de un caso policial, ni tanta saña, ni tanta opinión impiadosa. Claro que el caso era atractivo, lo sigue siendo, es una mezcla que utilizan las editoriales para hacer una novela exitosa. Hay violencia, hay sexo, se habla de fiestas negras, de intercambio de parejas y hay un crimen y una mujer bella, una mujer exitosa y ocurre en un barrio de gente con dinero. Son condimentos fundamentales para que la mala literatura seduzca a la chusma. Mientras escuchaba, yo cavilaba: a esto también lo sabe el periodismo que le hace honor al fundamentalismo de Willian Hearst, quién sin pelos en la lengua, pregonaba entre sus empleados que había que presentar cada noticia hurgando lo negativo para hacerla sensacionalista, alimentar el morbo y trivializar los valores.
Me puse a pensar en la chusma, en su significado y me descubrí entre ellos. Claro, uno es el populacho y a veces consume sin digerir. Los años enseñan. Necesariamente, si estamos atentos, con el tiempo debemos entender cómo funcionan los mecanismos por los que nos forman y nos informan. A veces me pregunto por qué ninguna entidad que se dice feminista salió a defender a Nora. Hablo de la mujer. Hablo del ser humano que por poco no fue descuartizado en cámara, hablo de la mamá que habrá preparado el pan con manteca para sus hijos, hablo de la madre que besaba a sus niños cuando debían rendir matemáticas y les daba una caricia y les deseaba suerte. Hablo de Nora, y quizá sea un mea culpa, a quien juzgué desde la vorágine informativa que se generó a raíz de su muerte. Lo dije antes: los años enseñan. Claro que me sumé a los chistes sobre la tragedia, claro que me reí de la sabiduría popular, al fin y al cabo, en aquellos días siento que fui una más de las victimas del sistema. Los medios-aparto algunas pocas excepciones- son eso, un sistema preparado para vender mierda, para taladrar cabezas inquietas y encarcelarlas en el matadero o en el manicomio. Los estudiosos-insisto-lo saben y alimentan esa actitud.
¿Qué habrá pensado ese pibe adolescente cuando leía o escuchaba lo que decían de su madre?
No sé si tuvo que recurrir a un sicólogo, a un cura o a algún amigo para digerir semejante atropello. Imagino sus silencios, la soledad que lo habrá rodeado, la angustia ante un amanecer cada vez más duro- porque la maldad fue creciendo a medida que el caso trepaba al ritmo del morbo social-lo que no consigo imaginar es la dimensión de su dolor, de su desamparo…
Vuelvo a mi Río Cuarto desmembrado. Nadie sabe quién mató a Nora, salvo el autor y sus secuaces. ¿Importa saberlo ahora? No sé y de verdad poco me importa. Claro que asumo que son las deudas que tenemos como ciudadanos, dicen que la verdad nos hace libres. Veremos.
No soy amigo de Facundo ni de su hermana, tampoco de su papá. Lo conozco al traumatólogo, él me auguró problemas cuando examinó mi columna hace una veintena de años. No pertenezco a su círculo social, que muchas veces es juzgado con una crítica que huele a resentimiento y olvidamos que en cada clase, en cada casta, encontramos miserias y grandezas similares. No recuerdo que autor dijo que no todos los buenos están del mismo lado, ni los malos.
Me quedo con la idea, tal vez superflua, tal vez literaria, que una mañana de éstas Facundo se despierte y se parezca a mis amigos del barrio. Que hable como el Pijuí o como el Tolo y, aunque seguro que no es su estilo, salga a exigir disculpas a los que ofendieron a su mamá. Somos nosotros, esos imberbes que con tal de vender un diario, una revista o un libro más , olvidamos que Nora era una mujer, un ser humano y que sus hijos, tal como los nuestros, escuchan atentos cada vez que hablan de mamá o de papá.
 
Por Rubén lucero - Foto: Valeria Caballero 

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Aldo Esteban Domingo | Sr. Rubén Lucero: No es la primera vez que vía internet, leo sus trabajos, y, una vez más, debo felicitar la realidad que muestra en este artículo "Santa Nora".- Similar situación, pero, a la inversa, el caso "Sabena", o, el chiquitín atropellado por el auto azul, tantos años sepultado en el barrio... Despedazan a las víctimas, desuellan a sus familias, destruyen el sentido de Comunidad.- ¿Los derechos...? de quién???, dónde están???..., depende de que banda politiquera sea la víctima, entonces, sí, aparecen "los defensores"..., pero en estos tres casos, unA porque era rica, y, unOs porque eran pobres... nadie habló, nadie se quejó, nadie defendió, todos OCULTARON y OCULTAN... Solo lo ve y espera... Aquel que es reconocido, y cada vez más alejado, como ..."fuente de toda Razón, Justicia y Verdad..." que, ojalá le dure la paciencia y no se canse de este ..."pueblo de dura cerviz y corazón de piedra...", porque entonces sí, que ..."¡¡¡agarrate Catalina...!!!".- N ...
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