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06/05/2013 08:35 hs

Científicos argentinos brillan en el mundo de los genes

Argentina - 06/05/2013 08:35 hs
              
Científicos y empresarios argentinos buscan respuestas y soluciones a muchos males que aquejan a la humanidad. 
Una treintena de empresas argentinas y, entre ellas, cuatro creadas en el último año- se dieron cita aquí para trabar relaciones, hacerse conocer y, especialmente, buscar inversores y oportunidades de negocios.

Para formarse una idea de la actividad que se despliega, baste con mencionar que, ya antes de comenzar, en el "ciberespacio" de la conferencia había más de 130.000 propuestas de reuniones.

"Venimos en busca de contactos para nuevos desarrollos y aplicaciones", explicó Carlos Pauli, de Diagrama, compañía santafesina que fabrica bacterias lácticas destinadas a la industria de los quesos y yogures, y de la carne, desde el aislamiento de las bacterias en sí, hasta el desarrollo de laboratorio, el salto a escala industrial, la comercialización y la exportación.En la carne, estos microorganismos se usan para fabricar embutidos, como el salame. "Mejoran el rendimiento del producto final, permiten mayor uniformidad y coloración, y favorecen el aroma", detalló Pauli.

La biotecnología moderna comenzó hace exactamente 60 años como resultado del descubrimiento de la estructura del ADN por Watson y Crick, dos jóvenes investigadores que trabajaban en Cambridge. Hoy, ese conocimiento se traduce en recursos industriales cada vez más soprendentes.

"Esto es posible porque hay una sola forma de vida en el planeta -destacó el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, que participó de las jornadas-. Una bacteria y un ser humano son más compatibles que una PC y una Apple, porque no se puede correr el programa de una computadora en la otra, pero sí puede insertar un gen humano en una bacteria, y producir insulina o algún otro compuesto. Así, la biotecnologíairrumpió en la industria a partir de su extraordinaria capacidad de utilizar agentes y procesos biológicos aplicados a la fabricación de medicamentos, productos para la biorremediación de residuos, o la manipulación de especies vegetales y animales para conferirles nuevas propiedades."

En la actualidad, se calcula que existen en el país unas 124 empresas que innovan o utilizan procesos biotecnológicos, y cuyos productos se exportan a 120 paísesLa Argentina ostenta logros destacables en este campo. Ya en 1982, una empresa local, BioSidus, comenzó a producir proteínas recombinantes [introduciendo el gen que dirige la síntesis de esa proteína en bacterias]. Luego, trabajando con científicos del Conicet, se puso a la delantera cuando se convirtió en uno de los primeros grupos en clonar bovinos, poco después de que la oveja Dolly apareciera en las primeras planas de los diarios de todo el planeta. Y en 2002 ya había obtenido a Pampa Mansa, una ternerita modificada genéticamente para producir hormona de crecimiento.Entre los últimos avancesdescollantes figura el desarrollo de cereales transgénicos resistentes a la sequía, conducido durante más de una década por la doctora Raquel Chan, del Conicet, que dio lugar a una patente de alcance mundial.

En la actualidad, se calcula que existen en el país unas 124 empresas que innovan o utilizan procesos biotecnológicos, y cuyos productos se exportan a 120 países. Treinta y tres integran el Foro Argentino de Biotecnología y, a fines de 2011,se creó la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), que agrupa a 20, todas de capitales nacionales. Un dato destacables es que, aunque varias de ellas son competidoras, no dudaron en sumar fuerzas parapresentarse en el plano internacional.

"Es una cooperación virtuosa entre las empresas y un buen ejemplo de la transversalidad de la biotecnología, porque agrupamosa compañías de salud humana y veterinaria, agroindustria, biocombustibles, alimentos y reactivos de diagnóstico", subraya Graciela Ciccia, miembro fundadora de la CAB.

biotecnología aplicable hasta a las golosinas

Aunque sorprenda, la biotecnología es aplicable hasta a las golosinas. Tal es el caso de Arcor, que produce diariamente tres millones de kilos de alimentos por día, y también su propio packaging. "También tenemos plantas de producción de ingredientes -dice Gabriel Raya Tonetti, gerente de vinculación tecnológica-. La biotecnología juega un papel importante, por ejemplo en la producción de jarabe de maíz, o de almidones modificados, tanto para la producción de cartón como de alimentos."

Arcor vino a Chicago esencialmente a mostrar sus desarrollos en prebióticos [sustancia que selecciona dentro del intestino humano cepas de bacterias benéficas y promueve su crecimiento]y a buscar nuevas oportunidades aplicables a procesos y productos futuros. "Es un jarabe que ya fue inscripto ante las autoridades regulatorias y pensamos incluirlo dentro de nuestros productos -agrega Raya Tonetti-. Y lanzamos al mercado un envase elaboradosobrela base de ácido poliláctico de origen renovable en un 50%y que ya se está usando en Brasil."

Según el ministro Barañao, con un sector de biotecnología verde [vegetal] y roja [aplicable a la salud humana] bien desarrollados, el país debería empeñar esfuerzos en la llamada biotecnología "blanca" o industrial.

"Estamos trabajando en subproductos del agro para generar moléculas de alto valor agregado -afirma-. El estudio de la flora microbiana en los distintos suelos parece ser la clave para la productividad agrícola. Por otro lado, es un área en la que tenemos que poner más esfuerzo para formar recursos humanos en disciplinas tan tradicionales como la microbiología, porque tenemos muchos biólogos moleculares y poca gente capaz de caracterizar bacterias, por ejemplo. Y la microbiología es una herramienta imprescindible para hacer biotecnología en todas sus formas."

Piel cultivada, biomateriales y levaduras que producen proteínas

En esta nueva edición de la Bio, que este año cumplió las 20, participaron cuatro compañías argentinas "recién nacidas" gracias a subsidios del Fondo Argentino Sectorial (Fonarsec).

Entre ellas está Biomatter, creada por la física Elida Hermida en el ámbito de la Universidad de San Martín. Surgió como un consorcio público-privado entre la universidad, el Conicet, la empresa argentina Medipharma, y dos emprendedores particulares, Alberto Bolgiani, director del Centro de Quemados del Hospital Alemán y director técnico de la Fundación Benaím, y el licenciado Alberto Achille.

Especializada en física de materiales, particularmente en elastómeros [gomas] y en plásticos petroquímicos, ya a principios de 2000 Hermida empezó a trabajar con un equipo de la Facultad de Agronomía de la UBA que cultivaba bacterias capaces de producir polímeros biodegradables. Ahora, gracias a un subsidio de más de dos millones de pesos que les permite avanzar en pruebas preclínicas y clínicas, más una contraparte de 1.700.000 pesos, trabajan en el desarrollo de un kit para grandes quemados o úlceras que no cicatrizan espontáneamente. "Consiste en un kit quirúrgico que consiste en tres elementos -detalla la investigadora-: un dermátomo, para tomar la muestra de piel, un dispositivo automático para extraer las células de piel y un sustrato de plástico biodegradable (de alrededor de 400 micrones de espesor) que posibilita que se regeneren simultáneamente las dos capas [la dermis y la epidermis] directamente sobre la herida."

Otra es Raomed, creada por Santiago Olmedo, un inversor privado que se vinculó con la Universidad Nacional de Córdoba y también recibió un subsidio del Ministerio de Ciencia. "Cuando se abre la bóveda craneana a raíz de un accidente de tránsito o un tumor que hacen necesario descomprimir el cerebro, éste se edematiza [se inflama] -explica Olmedo-. El paciente se salva, pero luego hay que reacomodar el órgano. Nosotros desarrollamos un sistema que permite cubrir la región afectada con un implante de biomateriales creado a la medida del paciente. Se hace un molde a partir de una resonancia magnética y con la ayuda de una impresora 3D, y luego se lo rellena con materiales biocompatibles." Aprobado por la Anmat desde febrero de este año, ya se usó en 70 pacientes. Su precio en los Estados Unidos ronda los 50.000 dólares. En la Argentina se comercializa a 5000.

En este grupo de empresas jóvenes también se incluyen Biocódices, que comenzará a hacer análisis genómico para diagnóstico prenatal, posnatal y oncológico, y Bioimanay, generada gracias a un subsidio Fontar, también en el ámbito de la Universidad de San Martín para desarrollar proteínas recombinantes, hormonas y enzimas de aplicación en la industria utilizando levadura. 

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