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23/11/2021 09:05 hs

Dos cóndores en peligro de extinción tienen crías por reproducción asexual pese a disponer de machos cerca

Internacionales - 23/11/2021 09:05 hs
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Las hembras ya habían tenido descendencia por vía sexual en numerosas ocasiones anteriormente. Es el primer caso de partenogénesis conocido en cualquier especie aviar donde la hembra tenía acceso a un macho.
Los cóndores de California llevan años en peligro de extinción. Desde hace tres décadas, científicos de San Diego Zoo Wildlife Alliance realizan estudios genéticos para determinar el parentesco entre los polluelos y sus progenitores. La sorpresa llegó cuando descubrieron que había dos individuos que eran hijos cada uno de una hembra de cóndor, pero que no estaban relacionados genéticamente con ningún macho y, por tanto, biológicamente eran huérfanos de padre. Para evitar posibles errores repitieron en numerosas ocasiones la prueba genética. La conclusión a la que llegaron es que estos habían sido producidos por partenogénesis, una forma de reproducción asexual. Lo llamativo es que las madres de estas aves, que se encontraban en cautividad, convivían con machos y anteriormente se habían reproducido sexualmente. De esta manera, este descubrimiento, publicado ahora en Journal of Heredity, supone el primer caso de partenogénesis en cóndores y el primero de cualquier especie aviar donde la hembra tuvo acceso a un macho.

Cynthia Steiner, directora asociada en el laboratorio de genética de conservación de San Diego Zoo Wildlife Alliance y coautora del estudio, define la partenogénesis como “reproducción asexual en la cual las hembras pueden producir polluelos sin la contribución de un macho. Los huevos no son fertilizados por los espermatozoides. Hay una duplicación del material genético de la hembra y es la que va a contribuir a producir el polluelo”. Es importante distinguir entre la partenogénesis obligada y la facultativa. La partenogénesis obligada se da en muchas especies, especialmente en algunos lagartos, en las que el desarrollo de un nuevo individuo ocurre exclusivamente sin la contribución masculina. El caso de los cóndores californianos es facultativa, ya que son hembras que normalmente se reproducen sexualmente, pero que, por motivos que estos científicos desconocen, en esta ocasión ha sido asexual. Jesús Gómez-Zurita, científico del Instituto Botánico de Barcelona y que anteriormente trabajó en el Instituto de Biología Evolutiva, califica el nacimiento de estos individuos como “un error biológico que no debe pasar” y añade que la propia genética de las especies tiene “mecanismos” para evitar que esto ocurra.

Estas dos aves descubiertas, ambas macho, nacieron en lugares y años distintos. SB260 nació en el Zoo de San Diego en 2001 y SB517 nació en el Zoo de Los Ángeles en 2009. Ambos murieron a una edad temprana, ya que la esperanza de vida de estos grandes buitres en cautiverio ronda los 60 años, según explica Steiner. El primero de ellos falleció justo antes de cumplir dos años, tras ser liberado en la naturaleza y no adaptarse a ella; tenía una forma física débil, con un cuerpo de menor estatura y peso que los de su especie. SB517 vivió hasta cumplir casi ocho años, una vez alcanzada su madurez sexual. Nunca fue liberado y los veterinarios que estaban a su cargo describen que, además de ser más pequeño, tenía escoliosis y un comportamiento más dócil, poco común entre los machos.

Sus progenitoras se reprodujeron sexualmente con un par de machos antes del nacimiento de los partenotes, nombre que califica a los individuos que nacen por partenogénesis. En concreto, la madre de SB260 tuvo 11 polluelos por reproducción sexual con el mismo macho y la de SB517 tuvo 23 polluelos anteriormente de la misma manera y después otros dos.

Según datos de finales de 2019, el cóndor de California cuenta con una población de 525 individuos, 219 de ellos en cautividad y el resto en libertad. A pesar de que sigue en un peligro importante de extinción, lograron superar el cuello de botella que atravesaron en 1982 cuando estuvieron bajo mínimos con solo 22 aves. Esto se consiguió conservando la variación genética mediante el apareamiento de individuos con parentesco bajo. Desde que comenzó este programa en 1988, que ha permitido la detección de estos partenotes, han nacido más de 1.000 polluelos.

Los peligros de la partenogénesis

La partenogénesis se ha dado en más de 80 especies distintas, desde que fue descubierta por Charles Bonnet a mediados del siglo XVIII. Las condiciones que se necesitan para que esto ocurra no están del todo claras. Enrique Font es catedrático en la Universidad de Valencia, donde imparte la asignatura de herpetología, una rama cuyos animales son característicos por este tipo de reproducción, y explica que la partenogénesis obligada se asocia con la hibridación entre un macho y una hembra de distintas especies y que en el resultado “se producen alteraciones que hace que, a partir de ese único apareamiento, la hembra se convierta en partenogenética y dé lugar a un clon. Con esto se establece una especie en la que a partir de ese momento ya no hay machos”. En cuanto a la partenogénesis facultativa, que se ha documentado en cuatro grupos taxonómicos muy diversos como aves, tiburones, lagartos y serpientes, este científico explica que se ha planteado que pueda ser por carácter adaptativo o, coincidiendo con Gómez-Zurita, por una “aberración”.
Este proceso de reproducción asexual podría plantearse como una opción para ayudar las cifras de las poblaciones que están en peligro de extinción, pero es muy complejo porque es un proceso que ocurre de manera natural, según explican estos expertos, y no lo consideran algo factible. Steiner plantea que puede ser un mecanismo para empezar nuevas poblaciones cuando migran a otras áreas. No obstante recuerda que los partenotes se caracterizan por tener una variabilidad genética muy baja, ya que portan dos copias exactas de los genes de la madre: “Tampoco es completamente beneficioso para una población que todos los individuos sean producidos por partenogénesis porque hay una disminución de la variabilidad genética”. Esta variabilidad genética permite tener “un colchón de resistencia” para poder enfrentarse a esos nuevos cambios en el ambiente. Además, en algunos animales las hembras partenogenéticas solo producen machos, por lo que dificultaría aún más la expansión de la especie, ya que solos no se pueden reproducir.

El País 

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