Pirámides de Platten
Edición del 19 / 09 / 2019
                       
09/09/2019 16:41 hs

"Así fue mi vida con Charles Manson": después de 50 años, habla la integrante más joven de la secta

- 09/09/2019 16:41 hs
Dianne Lake, que formó parte de la Familia Manson entre sus 14 y 16 años, brindó a Infobae su primera entrevista para un medio de habla hispana. La lucha por sobreponerse a los abusos sexuales y la violencia del monstruoso líder.
Eran poco más de diez. Hombres y mujeres jóvenes. Les habían prestado ropa en las comisarías donde estuvieron detenidos y les permitieron asearse. En pocos días se habían convertido en la atracción máxima de Hollywood: era diciembre de 1969 y todo el grupo se presentaba ante el Gran Jurado para escuchar las imputaciones de la Justicia estadounidense por los asesinatos de la actriz Sharon Tate, entonces esposa del director de cine Roman Polanski, cuatro amigos de la pareja y otros dos vecinos del barrio de mansiones de lujo de Los Ángeles, cometidos a inicios del mes de agosto.

Llegó el turno de Diana Bluestein, 21 años, aparentemente la integrante más joven del clan. Un sheriff de la sala de audiencias la llamó por su nombre para que se sentara en el estrado. Ella obedeció, con temor y nerviosismo, pero antes de cualquier pregunta, gritó ante el micrófono: "Mi nombre no es Diana Bluestein y no tengo 21 años. ¡Yo me llamo Dianne Lake, tengo 16 y quiero ver a mi mamá!".

Dos años y dos meses antes, movida por el sentimiento profundo de soledad, abandono y desconcierto esperable en una adolescente de apenas 14 años, Dianne había caído bajo el influjo de un hombre hipnótico y adictivo llamado Charles Manson y el grupo de jóvenes mujeres que lo secundaba.

"Yo no era realmente una niña. Es decir, era una niña pero no me veía como tal. Tampoco actuaba como una niña. Y creo que mi madre pensaba que yo era más una hermana en la comunidad que su hija. Porque ellos me veían a mí como una adulta. Una joven adulta", relata Dianne hoy, ya con 66 años, mediante una videollamada con Infobae, en su primera entrevista con un medio de habla hispana.

Después de que sus padres firmaran la emancipación, de que ella fuera a probar suerte durante meses junto a otro adolescente a San Francisco y de un regreso trunco con su familia en Santa Mónica, Dianne fue "adoptada" por una pareja de adultos que conoció en la ruta.

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El matrimonio, Richard y Allegra, la llevó a una fiesta que cambiaría por completo su vida: "Richard me dijo: 'Ey, vamos a ir a una fiesta. Queremos que conozcas a este joven genial y a sus chicas. Así conocí a Charlie y a las chicas".

"Charlie". Ni "Charles" ni "Manson". "Charlie" será el término con el que Dianne hará referencia al líder del culto a lo largo de toda la entrevista.

La joven llegó a la casa ubicada en la pequeña región de Topanga, California. Tras pasar la puerta, una escalera en caracol llevaba al primer piso. "Fue algo extremadamente mágico, porque cuando entré todos corrieron hacia mí y gritaban '¡Dianne, Dianne!, ¡Charlie, Dianne está aquí!' y yo no tenía idea de que esta gente me conocía. Estaba totalmente asombrada de que esta gente me conociera de antemano", relató a Infobae.

"Bueno, bueno. Así que esta es nuestra Dianne", fueron las primeras palabras que escuchó de boca de Manson. El líder del grupo la estrechó contra su pecho y así estuvieron por varios segundos. Lake recordaría tiempo después que en ese instante le cayeron lágrimas de los ojos.

"Charlie me recibió, compartió conmigo su cerveza y me invitó a sentarme en el círculo para que escuchara sus canciones. Él se mostraba muy cariñoso y muy gentil".

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Con sólo 14 años y al cabo de unas pocas horas, Dianne se convertiría en víctima del primero de los abusos sexuales que cometería Manson en la relación entre ambos a lo largo de los años.

Después de cantar unas canciones, el hombre, entonces de 32 años, la tomó de la mano y la llevó afuera de la casa, a un autobús negro. Según lo describió Dianne, el vehículo estaba acondicionado con dibujos psicodélicos de colores fuertes en las paredes y las ventanillas estaban pintadas de negro, habían sido removidos los asientos y del techo colgaba una tabla a modo de mesa. También habían almohadones con estampados indios.

"Esa noche me llevó al fondo del autobús, donde hicimos el amor. Y eso es como lo sentí en ese momento. Aunque técnicamente fue, como lo llamamos en Estados Unidos, abuso sexual en la infancia porque yo era menor de edad".

Dianne regresó a la casa de Richard y Allegra pero esa noche le dejó una sensación que hacía años no sentía. El grupo liderado por Manson y esas cinco jóvenes mujeres le habían permitido identificarse con el concepto de "hogar". Creía haber encontrado su lugar en el mundo.

La Familia

Al momento del encuentro en la fiesta, hacía siete meses que Manson había salido de prisión. Hijo de una madre soltera de 16 años, alcohólica y con frecuentes encarcelamientos por robos de diversa índole, Manson pasó sus primeros diez años de vida entre familiares lejanos e instituciones estatales.

A los 10 quiso volver a su hogar materno pero su madre lo rechazó. A los 13 cometió su primer robo a mano armada. Entre 1951 y 1967 se pasó la mayor parte del tiempo detenido en institutos de menores y prisiones por robo de autos, proxenetismo y fraude.

Una vez en libertad, en marzo de 1967, conoció a Mary Bruenner, una bibliotecaria con la que comenzó a convivir. Con prácticas esotéricas y espirituales como lema, la pareja incorporó a un par de mujeres más a su movimiento y formaron lo que luego se conocería como la "Familia".

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Cerca del verano de ese año, visitaron la comuna hippie más grande de California, Hog Farm. Allí conocieron a un matrimonio, Clarence y Shirley, quienes junto a sus hijos llevaban viviendo casi dos años entre casas rodantes y otras congregaciones hippies.

Cuando Manson comentó que pronto se iría con la Familia a San Francisco, Shirley le dijo que su hija mayor se había mudado allí con un joven. Le obsequió una foto de Dianne y le pidió que, en caso de conocerla, la cuidaran.

Tres meses después, la Familia Manson, que todavía no había partido a San Francisco, decidió celebrar una fiesta en una casa de Topanga. Una casa con una escalera caracol en la entrada. Mientras Charlie entonaba una de sus canciones, sonó la puerta. Cuando una de las chicas abrió, apareció, como si fuese algún tipo de mensaje, la hija de Shirley, la chica de la foto: "¡Dianne, Dianne!, ¡Charlie, Dianne está aquí!".


El hogar

Con 14 años, Dianne Lake decidió convertirse en la integrante más joven de la Familia Manson. Era noviembre de 1967 y poco después el autobús negro partiría hacia Nuevo México.

"Yo definitivamente sentía que éramos como una familia. Trabajábamos juntos para obtener comida. Al principio simplemente nos divertíamos. Entonábamos las canciones de Charlie, las aprendíamos, él tocaba la guitarra y pasábamos el día consiguiendo comida para todos. Limpiábamos la casa. Eran actividades cotidianas".

"Él era agradable. Jugaba mucho. Era divertido. Disfrutaba cantar y tocar la guitarra y conocer nuevas personas. Siempre estaba buscando más mujeres u hombres que se unieran a nuestra familia".

A medida que pasaban los meses y se agrandaba el grupo, la figura icónica de Manson acumulaba mayor poder. Sus palabras y la manera de conectar con cada integrante de la Familia lo transformaban en un ser tan adictivo como venerado.

"Él tenía la misteriosa habilidad de leer a las personas, de conocer las debilidades de las personas y sus necesidades. Y él era capaz de convertirse en esa persona que ellos necesitaban que fuera. Te encontrabas totalmente extasiado por quién era él. Porque él llenaba tus necesidades. Y todo eso era parte de su estafa. Eso formaba parte de su habilidad para atrapar a la gente", dijo Dianne a Infobae.

Al no disponer de ingresos económicos, la familia Manson debía apelar a  diferentes mecanismos para sobrevivir. Fue así que el líder compartió algunas de sus "estrategias de convencimiento".

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"La clave estaba en convertirse en buenos oyentes. No era tan difícil leer a la gente si se prestaba atención. Charlie aseguraba que la mayoría de la gente era egoísta, sólo estaba interesada en sí misma, y que si uno mostraba un poco de falsa empatía, esa persona contaría mucho más sobre asuntos de los que no hablaría tanto normalmente", escribió Lake en sus memorias.

Manson también preveía que el grupo en un futuro tendría que recurrir a delitos menores para abastecerse. Por eso ordenó que cada integrante de la familia adoptara una identificación (con documento) falsa. Dianne pasaría a llamarse Diana Bluestein, tendría 21 años y la apodarían "Snake" (Serpiente).

Durante casi todo el primer año, el sentimiento generalizado en la Familia Manson era el de un hogar. Abundaban los "viajes" con LSD, las canciones del líder y un espíritu de hermandad. Luego, el sexo y la relación de Manson con las mujeres del grupo empezaría a desnudar al monstruo.

Violencia de género y abusos sexuales

Dianne fue agredida físicamente por Manson por primera vez cuando todavía no se había cumplido un año de su ingreso a la Familia. Era una mañana normal, cuando el líder del grupo ingresó a la cocina, con signos de fastidio y una toalla con hielos sobre la boca. "Yo odiaba verlo infeliz y mi instinto fue tratar de distraerlo. Le pregunté si lo podía ayudar con algo y si quería comer algo", detalló Lake en su libro. "Él tiró los hielos sobre la mesada de la cocina y me dio un golpe en la cara con el revés de su mano. Yo resbalé y quedé tendida en el suelo. ¡¿Te parece que quiera algo para comer?'".

Ese ataque derrumbó la moral de Dianne, que llegó a sentirse culpable por haber irritado aún más al líder.

Al día siguiente, Manson se la cruzó en el patio de la casa y reafirmó: "Necesitabas que lo hiciera, pequeña. Nunca tuviste a ningún hombre que te enseñara cuándo hay que hablar o cuándo estar callada. El hombre es la cabeza de la casa y nunca has tenido un hombre o un padre. Tendrás que aprender eso para ser una buena mujer".

"Siempre fuimos muchas más mujeres que hombres en el grupo. De hecho, se suponía que las mujeres éramos las encargadas de traer nuevos varones a la Familia, pero todo se hacía bajo la aprobación de Charlie", explicó Lake a Infobae.

La relación entre Manson y las mujeres de la Familia era tan cruel como abusiva. Una vez que el líder del grupo logró sumisión incondicional, se dispuso a someter a las jóvenes a las vejaciones más aberrantes.

La comida escaseaba, la Familia crecía y encontrar un sitio donde vivir resultaba cada vez más difícil. Manson obligó entonces a las mujeres a tener sexo con extraños a cambio de comidas, víveres o un techo. Este mecanismo se repitió durante varios meses.

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A Dianne le costó hablar de ese tema  durante la entrevista. Pero en su libro biográfico Miembro de la Familia, publicado en 2017, escribió: "Traté de borrar esos recuerdos y los guardé muy adentro. Yo intento todos los días reprimir la rabia que siento ahora como adulta, respecto a lo que este hombre me obligaba a hacer de adolescente con sólo 15 años".

"Para Charlie, el sexo era una fuente de placer exclusiva para el hombre", completó.

Helter Skelter

Pasó el primer año y la alegría y el sentimiento de hogar ya formaba parte del pasado para la mayoría de los integrantes. Aún así, la devoción por la palabra de Manson permanecía intacta. Consciente de la tensión entre la Familia y de las dificultades del grupo para autoabastecerse, Manson entró en una espiral de delirio místico y de necesidad de aislamiento para poder sostener su liderazgo.

"Él decidió llevarnos al desierto. Tanto en Spahn Ranch como en Barker Ranch (los dos sitios donde la Familia vivió durante casi todo el segundo año) Charlie nos dijo específicamente que no quería que se nos sacaran fotos. Incluso, si íbamos en un auto, no quería siquiera que miráramos por la ventanilla. No teníamos relojes, no teníamos calendarios. No mirábamos televisión. Estábamos desconectados del mundo", recuerda Dianne.

Los delirios místicos se iban apoderando del líder y nacía el germen que conduciría varios meses después a los múltiples asesinatos.

"Cuando él nos llevó al desierto, nos contó que había tenido un viaje con ácido en el que él sintió que fue crucificado como Cristo.

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Creo que ese fue el principio. Él realmente pensó que era un Mesías en la Tierra. Él pensaba que era Cristo viniendo otra vez. Y eso le empezó a llenar la cabeza".

Manson enhebró una teoría profética, que ya había mencionado en varias de sus canciones, y que parecía estar llegando a su punto culminante: una guerra racial entre blancos y negros.

"Empezó a hablar de una guerra racial que iba a ocurrir pronto. Aprendió eso cuando estuvo en prisión. Él pensaba que los negros iban a ganar y que nosotros nos íbamos a tener que esconder".

Manson creyó ver reafirmada su teoría con la salida del disco Blanco de los Beatles. El líder de la familia interpretó que Dios le estaba enviando un mensaje a través de la banda británica del momento y calificó el apocalipsis de la guerra racial con el nombre de una de las canciones del álbum, "Helter Skelter".

"Era una locura. Nos hacía escuchar el disco de atrás para adelante, varias veces por día. Nos hacía escuchar todas las canciones y nos aseguraba que le estaban enviando un mensaje", relata Dianne.

El clima dentro de la Familia era de absoluta tensión. La cotidianeidad se había transformado en encontrar las palabras, los movimientos y las acciones adecuadas para no hacer enojar a Manson.

"Incluso los 'viajes de ácido' habían cambiado su razón de ser. Antes era todo amor y compañía. El objetivo era permitirse escapar a nuestro mundo interno sin miedo alguno. Ahora, el miedo pasó a ser el objetivo y era terrorífico".

Por si fuera poco, los encuentros fortuitos del líder con el baterista de los Beach Boys, Dennis Wilson, y sus repetidas reuniones frustradas con productores musicales para intentar convertirse en una estrella de rock no hicieron más que alimentar la ira de Manson.

Su afán por mantener el amor y la paz en una vida comunitaria se había transformado en una obsesión por ganar dinero y hacerse rico. Y quienes pagaban la frustración del líder de la secta eran los integrantes de la Familia. Especialmente las mujeres.

"Intentaba juegos mentales con nosotros. Nos decía que no necesitábamos comer, que todo era parte de nuestra imaginación. Lo mismo con el dolor, nos decía que el dolor no existía", describe Dianne.

La humillación tuvo más capítulos. Durante una de las escuchas del Álbum Blanco, obligó a Dianne a orinarse encima y a sentarse sobre su propio pis para "no interrumpir la sesión". En otra ocasión, para demostrar que el dolor no existía, la obligó a poner su mano sobre la llama de una vela. Ella recuerda haber sentido el olor de su piel quemándose. Rompió en llanto. Manson, en un nuevo ataque de ira, rompió una silla de madera y le empezó a pegar con una de sus patas hasta hacerla sangrar.

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El quiebre definitivo en el vínculo entre ambos se dio a unos seis meses de los asesinatos. Según Dianne, Manson llevaba semanas ignorándola. Algo que ella no podía terminar de digerir. Por eso, ella intentó provocar un nuevo encuentro sexual. "Yo quería tener sexo con él en ese día en particular. Entonces, él me sodomizó en lugar de lo que yo deseaba. Y fue, sabes, brutal. Fue doloroso y muy dañino tanto emocional como físicamente".

"En realidad, él no me quería, ni siquiera me quería tener cerca, yo ya no formaba parte de su círculo íntimo. Me dediqué a lavar la ropa, limpiaba las casas, me hacía cargo del cuidado de los bebés de la Familia, cocinaba. Asumí un perfil bajo porque no quería hacerlo enojar. No quería que se enojara conmigo", le dijo Dianne a Infobae.

Una de las últimas actividades grupales de las que participó antes de los asesinatos fue una sesión de entrenamiento de ataque con cuchillos. Lake aseguró que Manson le dio un arma blanca a cada integrante de la familia y los instruyó sobre cómo atacar al enemigo: "Clavar, empujar el cuchillo y jalar hacia arriba".

"Él nos dio una pequeña lección sobre cómo matar a alguien con un cuchillo. Yo sentía que era un juego. Yo estaba dispuesta a seguir con esto pero no a tener que matar a nadie. Creo que en ese punto no pude aceptar la realidad de que esta gente era verdaderamente capaz de matar a alguien".

Los asesinatos

Durante todas las semanas de julio de 1969, Manson se llevó a un grupo selecto de su círculo rojo a lo que llamaba "misiones espeluznantes". El propio líder las calificó como entrenamientos para superar el miedo y aprender a moverse sin ser detectados.

Los integrantes de esas misiones tenían prohibido hablar de las mismas con los demás. Para el resto de los integrantes de la Familia, se trataba de técnicas para los delitos que solían cometer: robos de autos o de comida en supermercados.

Durante la noche del 8 de agosto, la actriz Sharon Tate, esposa del director  de cine Roman Polanski, y que estaba a dos semanas de dar a luz a su primer hijo, murió apuñalada en su mansión de la calle Cielo Drive 10050, en Los Ángeles. Junto a ella, también fueron asesinados su amigo y célebre estilista de Hollywood, Jay Sebring, un actor y guionista polaco llamado Voytek Frykowski, su pareja y heredera de la fortuna de la compañía de café Folger Coffee Company, Abigail Folger, y un guardia de seguridad de la casa llamado Steven Parent.

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Según los policías que acudieron al lugar, la escena era terrorífica y parecía responder a la obra de un culto satánico. Las víctimas presentaban decenas de heridas de armas blancas en todo el cuerpo. Según la autopsia, Tate recibió 16 puñaladas de las cuales cinco habrían sido mortales por sí solas y en una de las paredes se escribió la palabra "Pig" (Cerdo) con la sangre de las víctimas. En el suelo se imprimió con pintura una presunta huella de pata de pantera, como si se tratara de un hecho cometido por miembros de las Panteras Negras.

La noche siguiente, el 9 de agosto, el ejecutivo de supermercados Leno La Bianca y su esposa Rosemary fueron asesinados en circunstancias similares, en su domicilio de la calle Waverly Drive, 3301. El cuerpo de Rosemary tenía 41 heridas de arma blanca, mientras que el de Leno, 12, y tenía escrito en el abdomen con tajos la palabra "War". En la heladera de la cocina, con sangre, se leía: "Helter Skelter".

La mañana del 10 de agosto, Dianne Lake se levantó como cualquier otro día en la casa de Spahn Ranch. "Cuando me desperté, apareció Leslie Van Houten con apuro y me pidió que la ayudara a prender una fogata y quemar algunos objetos que traía. Había una cartera, una soga, ropa y unas tarjetas de crédito. Olía horrible", relata Dianne. Tiempo después, Lake se enteraría de que se trataba de las pertenencias del matrimonio La Bianca.

A los pocos días, Dianne arregló un encuentro con Tex Watson, mano derecha de Manson, en un punto específico de la región de Olancha. El contacto entre ambos se dio un día después de lo previsto.

"Tex se enojó conmigo por haberme ido del punto de encuentro. Él traía un diario en el que estaban los titulares sobre los asesinatos de Tate y los La Bianca. En un momento, golpeó el diario y me dijo. ¡Yo hice esto, Charlie me dijo que lo hiciera! Y esa fue la primera vez que yo escuché acerca de los asesinatos", relató Dianne a Infobae. "Yo estaba en shock. Y asustada. Shockeada de que ellos hubiesen hecho algo así y asustada de que él me fuera a matar a mí".
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Durante las semanas siguientes, se vivieron en la Familia escenas surrealistas. Los protagonistas de las masacres llegaron hasta a celebrar los crímenes. Dianne no sabía dónde estaba metida y cómo hacer para escaparse de semejante locura.

"Fuimos al desierto y fue ahí donde las chicas me contaron sobre su participación. Susan (Atkins), Leslie y Patty (Krenwinkel) compartieron conmigo lo que hicieron. Lo que más recuerdo de esa conversación fue su comportamiento, la manera en la que ellas me lo contaron, la manera en que les generó regocijo, estaban excitadas, orgullosas. Se jactaban de lo que habían hecho por Charlie. Eso fue tan desconcertante como lo que habían hecho".

"Charlie nos dijo que hiciéramos una brujería. Y cumplimos", fueron las palabras de Patty en su relato entre "hermanas". También describió con detalles cómo persiguió hasta tacklear y aplicar las puñaladas mortales a Abigail Folger en su intento por escapar.

Las autopsias revelaron que la mayoría de las heridas mortales a las víctimas habían sido aplicadas mediante la técnica de "clavar, empujar y jalar hacia arriba".

"Yo quería irme de ahí, pero tenía miedo de escapar porque había un camino muy largo hacia cualquier tipo de civilización. Una pareja de chicas efectivamente lograron irse. Pero Charlie nos tuvo al otro día a todos literalmente destrozando los arbustos buscándolas.

Y yo sentí en mi corazón en ese momento que si esas dos chicas hubieran sido encontradas, también las habrían asesinado", asegura Dianne.

El juicio

Lo más paradójico de la historia fue que todos los integrantes de la Familia Manson fueron apresados por delitos menores. Susan Atkins fue arrestada en Los Ángeles por el robo de un auto, mientras que Manson, Dianne Lake y la mayoría del resto del clan cayeron en Barker Ranch, por prender fuego a una máquina niveladora de suelo.

La policía recién logró conectarlos con los asesinatos después de que Susan les revelara todos los detalles a sus compañeras de celda y las intentara convencer de la llegada del apocalíptico Helter Skelter.

Desde la detención hasta las declaraciones ante el Gran Jurado transcurrieron un par de meses, en los que Dianne Lake permaneció en una prisión para mujeres mayores, con apenas 16 años. Había presentado su documento falso. Era Diana Bluestein, de 21.

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Fue entonces, frente al Gran Jurado y poco antes de las imputaciones, cuando Dianne quebró el secreto y contó su historia.

"No fue sino entonces que me sentí lo suficientemente a salvo. Y quería salir. Entonces dije cuál era mi verdadero nombre y mi edad real. Me siguen apareciendo lágrimas en los ojos cuando recuerdo ese momento. Fue como despertarme y golpearme la cabeza con la realidad. Ahí me di cuenta de que  estaba en serios problemas. Fue como un 'wow, sáquenme de aquí'. Y ellos lo hicieron, no yo", le aseguró a Infobae.

Dianne tuvo que esperar ocho meses hasta la celebración del juicio. En ese período, permaneció internada en un instituto de salud mental, bajo el cuadro de "psicosis inducida por el uso excesivo de LSD".

En el juicio, ella fue la última en brindar su testimonio. Debió hacerlo, nada menos, frente al propio Manson, a quien veía por primera vez desde los arrestos.

"Estaba asustada de que él fuera capaz de meterse en mi cabeza y obligarme a hacer o decir cosas que no quería, pero cuando fui al juicio, él no lo logró.

Una de las preguntas que me hicieron fue si yo había amado o si lo amaba a Charlie en ese momento y yo dije 'Sí, eso creo'. Y él saltó inmediatamente como diciendo 'no carguen todo sobre el Sr. Manson, ella amaba a todo el mundo'. Él estaba actuando para el público. Ni siquiera quería asumir la responsabilidad de mi amor por él. No quería ser señalado. Y eso me hizo darme cuenta de que él era una estafa. De que sólo engañaba a todo el mundo".

El testimonio de Dianne fue clave para la Justicia, que encontró a Tex Watson, Susan Atkins y Patricia Krenkiwel como culpables de los asesinatos en la mansión de Sharon Tate y en la casa del matrimonio La Bianca, y a Leslie Van Houten, por los homicidios del dueño del supermercado y su pareja. Además, Bobby Beausoleil, otro integrante de la familia, fue hallado culpable del asesinato del productor musical Gary Hinman, cometido 20 días antes del "Helter Skelter".

Como ideólogo de los crímenes, Charles Manson fue condenado a cadena perpetua. Pasó 48 años ininterrumpidos tras las rejas y murió en prisión en 2017, a los 83 años.

"Charlie consiguió que mucha gente creyera que esto era real, que se trataba de asesinar o ser asesinado. Yo no sé cómo Tex, Susan, Patty y Leslie pudieron hacer algo así (…) Ellos no eran personas sedientas de sangre. Me da tristeza por las chicas, porque van a pasar toda su vida en prisión por creerle a este lunático", afirmó.

Una nueva vida

Después del juicio, Dianne Lake pasó décadas sin querer tener relación alguna con la "familia" Manson. A través de los años, aprendió a esquivar a periodistas y hasta fanáticos del caso que acudían a su domicilio para hablar con ella o sacarse una foto.

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Una vez pronunciadas las condenas y con apenas 17 años, Dianne fue adoptada por la familia de Jack Gardiner, el oficial de policía que la acompañó durante sus ocho meses en el instituto de salud mental. Luego, vivió dos años en Europa junto a un novio, hasta que conoció a Todd, con quien se casó y tuvo tres hijos.

"Tuve este secreto durante décadas dentro mío. A mi marido se lo conté desde un principio, pero a mis hijos recién les hablé de ello en 2008; fueron casi 40 años sin decir nada", revela. "Mi hija tenía 22 años cuando le hablé de esto. Ella, quizás porque es mujer, lo entendió y lo aceptó mejor que mis hijos varones. Cuando mi esposo y yo le hablamos sobre mi secreto, ella inmediatamente miró a su padre y le dijo 'Gracias por amar a mami'. Ella estaba sorprendida, pero realmente lo primero que hizo fue agradecer a su padre por amarme".

"Cuando ella entró en sus 13 y hasta sus 16 fue algo muy duro para mí. Yo sólo la miraba y decía 'Oh, Dios. Esa era yo. Eso me golpeó realmente", le asegura hoy a Infobae.

Dianne logró terminar la escuela secundaria a sus 50 años. Luego se graduó como docente y enseñó por muchos años a alumnos con autismo en escuelas de Los Ángeles.

Su marido, Todd, falleció en 2014. Y una vez que ella se encontró sin una figura masculina de referencia, decidió que era momento de plasmar su historia en un libro. Así, publicó su autobiografía en 2017.

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"Yo acudí a la Familia Manson porque quería pertenecer. Porque buscaba un lugar en el mundo. Y me fui hundiendo gradualmente hasta que no pude entender lo perdida que me encontraba. Nadie elige pertenecer a una secta; nadie busca eso. Pertenecer a una secta ni siquiera es algo de lo que uno toma conciencia cuando está dentro. Sin importar lo precavido que seas o que se trate de un adolescente incapaz de ver por encima de sus emociones. Cuando estás en una secta, creés que estás parado sobre terreno firme hasta que descubrís, generalmente muy tarde, que no sólo tus pies son los que tiemblan, sino que el suelo se desvaneció", escribió.

Hoy, Dianne vive a sus 66 años como jubilada en un pueblito cercano a Los Ángeles que prefiere mantener en reserva. Acude a la Iglesia todas las semanas y hasta participa en el coro junto a compañeros que siguen sin poder creer que esa señora de perfil bajo y sonrisa contagiosa haya sido una de las chicas de la Familia Manson.

"Yo estoy extremadamente agradecida de haber sido capaz de tener una vida relativamente normal. Estaba muy avergonzada. No quería que nadie lo supiera, no quería ninguna asociación con la Familia Manson en absoluto. Ha sido muy terapéutico para mí poder compartir mi historia. Y espero que sea un relato de advertencia para otras jóvenes mujeres y para padres. Hay niños que pueden verse como adultos, que quieren ser adultos pero siguen siendo muy, muy vulnerables".


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