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Edición del 11 / 11 / 2019
                       
02/09/2019 17:38 hs

El abuelo musculoso de la Patagonia: a los 64 años, acaba de ganar el Campeonato Argentino de Fisiculturismo

Argentina - 02/09/2019 17:38 hs
Darío Loncón vive en Bariloche y es uno de los máximos representantes de la actividad en Sudamérica. Entrena 3 horas diarias y trabaja no menos de otras 9 como albañil. Pero se reserva tiempo para sus nietos y sus hijos.
A las 6 en punto, llueve o truene, el abuelo Darío Loncón (64) comenzará su día con un desayuno espartano: algo de mate y un vaso de agua mezclada con un suplemento vitamínico. Al rato no más partirá al gimnasio para someterse a una dura sesión de entrenamiento que encarará con una extraña forma de alegría. El hombre es la encarnación del dicho americano “No pain. No gain”: sin dolor no hay victoria.

Si se siente bien, con energía, hará, como parte de una rutina mas extensa, no menos de 8 repeticiones en el banco con un peso de 120 kilos. En un día menos inspirado su fornido pecho levantará 110 kilos.

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Es apenas el principio. A sus 64 años Loncon entrena tres horas por jornada en un gimnasio de Bariloche para afilar su desde ya esculpida musculatura. Lo de abuelo es una licencia literaria se entiende y una simple constatación de la realidad. Su humanidad rechaza los calendarios. ​Pero apuntemos, en rigor, que tiene dos hijos y dos nietos. 

La semana pasada a la edad en que algunos ya se saben listos para firmar la jubilación, Loncón se convirtió en el nuevo Campeón Argentino de Fisiculturismo en una velada en el barrio de Palermo, en Buenos Aires.

Hacía más de una década que el barilochense se mantenía apartado de la actividad en la que supo brillar a los 50 años con un físico de mayor volumen. El 2019 fue el año de su regreso, convertido en abuelo, aunque en plena actividad tanto deportiva como laboral.

“Una pena de amor me hizo volver al gimnasio. La verdad es que tuve una relación con una persona que era muy celosa y yo por amor dejé este deporte, ¡dejé de ir al gimnasio!. Cuando terminamos, en lugar de tirarme a la bebida como podrían hacer algunos, me metí de nuevo a entrenar”, cuenta en un mesa del Shopping Patagonia donde tiene un comercio con sus hijos.

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Loncón no deja lugar a las lamentaciones. Todos los días, excepto los sábados, hace una hora y media de pesas a la mañana, entre las 8 y las 9,30, y una hora y media de aeróbico por la tarde, después de las 15. El resto de su jornada lo dedica a trabajar como contratista en construcciones en la ciudad, pero también es un emprendedor nato. Ningún rubro le resulta ajeno. Se involucró en el negocio de la ropa y su última idea es abrir una mascotería. Rápido de reflejos, cuenta que compró mucho alimento para gatos y perros antes de que los precios vuelvan a subir.

Cuando detalla su agenda, deja la clara impresión de que su empeño por vivir intensamente jamás se detiene.
“A los 8 años salí a trabajar para ayudar a mí madre. Éramos 4 hermanos y yo era el mayor. Lustraba zapatos, hacia de todo. A los 14 me metí de ayudante de albañil. A los 23 tenía 20 personas a mi cargo. Ahí compré mí primer taxi. Llegué a tener 8 ahora tengo 3, pero hoy sumando los taxis de toda la familia tenemos 35, los Loncón somos sinónimo de taxis”, resume.

Loncón explica que para él el deporte y el trabajo son espejos que se miran. “Son un reflejo, hay que esforzarse para cualquiera de las dos cosas y cuando se hacen bien uno se siente distinto. El deporte te abre la mente. Si te levantaste a la 1 tu cabeza no te deja pensar”, subraya. “El culturismo es un complemento para mí trabajo. Siempre he sido albañil y es una actividad que te pide mucho del cuerpo. Podes pasar horas y horas y horas arrodillado pegando azulejos. Si estás en buena forma lo soportas mejor”, cuenta.

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Mientras entrenaba para el campeonato argentino que acaba de ganar, construyó un hostel y 8 departamentos. Su rutina se dividió en tres horas de gimnasio y no menos de 9 horas de trabajo pesado. Hace poco le solicitaron que levante una confitería con dos baños. En eso anda.

“El de arriba recompensa, eso le enseñó a mí nieto. No me falta trabajo, trato de estar cerca de mis hijos, porque cuando los crías con vos y los cuidas, crece el amor”, reflexiona.

Para Loncón esos 120 kilos que levanta cada día son una rara metáfora de su propia y dura existencia. Un camino cuesta arriba, agotador, que nunca abandonó.

Su iniciación en el fisiculturismo comenzó recién a los 44 años. Apenas 6 años después estaba ganando torneos en una actividad grabada de esfuerzo y estimulantes, buena parte de ellos prohibidos. “Siempre me gustó el deporte. Cuando chico hice boxeo, tuve 7 peleas y gané 6. En la séptima me quebré la mano y me retiré”, recuerda. “El secreto está en cuidarse, en trabajar mucho pero no usar químicos que después te pasan factura y te hacen mal. Yo compito a los 64 pero hay gente que no llega, se queda antes por haber abusado de esas cosas”, dice.

En 2005 quedó en segundo lugar en la categoría más de 50 años del Campeonato Sudamericano de Fisiculturismo realizado en Curitiba, Brasil. Ese mismo año ganó el Campeonato Argentino en Mendoza, en igual categoría. En 2006 resultó triunfador del Campeonato Nacional también en más de 50 años. Entre el 6 y 7 de septiembre espera llegar a lo más alto en el Sudamericano que se realizará en Buenos Aires. “Hay tipos enormes, pero yo tengo buena línea y músculos definidos, a veces un pequeño músculo te puede hacer ganar la competencia”, señala.

Sus hijos son sus asistentes en el ring side. Javier Loncón (42), entrenador profesional, es quien lo acompaña y diseña sus rutinas, mientras que su hija Cristina Loncón (34), se ocupa de su dieta. “Me cuidan y siguen y apoyan en lo que hago”, detalla.

Aunque ahora está soltero desliza que se encuentra en una relación con una persona 10 años menor. “Va al gimnasio también, parece de 30”, apunta.

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No alberga falsas modestias respecto de su figura. “En la playa, en el gimnasio mismo te miran, las mujeres siempre miran, les gusta que el hombre se vea bien”, indica.

Loncón asegura que un buen cuerpo es la consecuencia de una combinación de disciplinas . “40% gimnasio, 60% la alimentación”, sentencia.

Dice que sus conocimientos le vienen de conversar cara a cara con otros grandes culturistas y expertos en el deporte. Y de las revistas. Todavía no se internó en Instagram, donde comienza a dar sus primeros pasos. Para allá va.

En el universo digital hay figuras de más de 60 que como Loncon atraen la curiosidad del mundo y de los especialistas en longevidad. Los abuelos Jeffry Life, Andreas Cahling y Josefina Monasterio, entre otros, todos de más de 64 y con físicos envidiables, destacan en una generación que se rehúsa a envejecer.

Para Loncón los 60 son los nuevos 40, afirma. “Yo me imagino mejorando, es como ir al revés, voy seguir trabajando los músculos y a los 70 puedo estar mejor", dice y sonríe cómplice.

¿Su próximo desafío luego del Sudamericano en la capital? “Sigue la preparación para la temporada de playa”, señala. Todo indica que no es broma.

Claudio Andrade
Fotos: Marcelo Martinez

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