Un grupo de familiares y amigos realizó una peregrinación ecuestre de varios días para trasladar una imagen bendecida. El viaje combinó la devoción religiosa familiar, el amor por las tradiciones del campo y emocionantes muestras de fe a la vera del camino.
Marcos Birolo
El proyecto de unir la ciudad de San Nicolás con la localidad de Luiggi surgió a través de un amigo en común para concretar un traslado que se venía aplazando. “La idea fue de la gente de Ingeniero Luiggi, que lo venían postergando, ya tenían la Virgen", explicó uno de los jinetes que participó de la peregrinación. El objetivo era llevar la imagen bendecida de la Virgen de San Nicolás hacia dicha localidad pampeana para que los vecinos pudieran recibirla.
La propuesta prendió rápido entre este grupo de amantes de las tradiciones. "Me entusiasmó la idea, nosotros siempre andamos vinculados a esto de los desfiles y de caballo", comentó el entrevistado, quien realizó el viaje junto a su hermano Pablo y sus sobrinos. Se trató de un grupo familiar y de amigos motivado tanto por "ese sentir del criollismo, del gaucho" como por la devoción mariana que les inculcó su madre desde chicos.
El contingente llegó el día 24 a Guerrico, un pueblo cercano, para acampar y prepararse para la salida. "Ya arrancamos con los caballos de San Nicolás el día 25 por la tarde", relató el jinete. Para avanzar a buen ritmo, se organizaron en grupos de cinco personas, haciendo un promedio de "35, 40 kilómetros por día" con la meta de llegar a destino un sábado. La logística detrás de la travesía fue importante e incluyó tres casillas, un camión para los caballos, un carro y camionetas de apoyo por cualquier imprevisto que pudiera surgir.
Durante el trayecto debieron alternar entre caminos rurales y la banquina de la ruta, ya que se encontraron con "lagunas que no nos dejaban pasar" por los senderos de tierra. Además, les tocaron días de llovizna constante, algo que los jinetes terminaron agradeciendo para el bienestar de los animales: "Nos benefició bastante (...) para los caballos por ahí es importante que esté fresco y que la tierra esté húmeda", destacó.
Más allá del desafío físico de la cabalgata, lo que más marcó a los viajeros fue el contacto con los vecinos de la región y sus demostraciones de devoción. "El argentino cómo siente lo que es la fe y lo que es la tradición también, ¿no es cierto? Te pide que le dejes tocar la Virgen, se paran en el camino", recordó emocionado. Para todos los jinetes involucrados terminó siendo "una experiencia muy linda" y sumamente gratificante.