En el marco del Día del Maestro, la historia del Centro Educativo José de San Martín, ubicado en Colonia La Celestina (zona rural de Coronel Moldes), emerge como un testimonio vivo del impacto indestructible que deja la docencia en la comunidad. La institución celebró recientemente sus 90 años de trayectoria ininterrumpida, un hito que reabrió el cofre de las memorias de exalumnos y docentes que le dieron vida a sus aulas.
Elvira Medici
Ismael Crespi
Nora Adriana Rodríguez
Elvira Medici ejerció como docente en la escuela durante 32 años. Con más de dos décadas de jubilada, su mirada refleja el orgullo intacto por la profesión y el vínculo entrañable que construyó con sus alumnos.
"La escuela rural es una gran familia entre los alumnos, los padres y el personal docente. Cuando empecé tenía siete alumnos en primer grado y me daba miedo que no aprendieran a leer y escribir; al final aprendieron todo. Ojalá que, mientras yo viva, la escuelita no llegue a cerrarse jamás", expresó Elvira con emoción.
Su entrega no solo marcó a generaciones de estudiantes, sino también a su propia familia: durante su ejercicio docente nacieron sus dos hijas, quienes también realizaron su escolaridad en la misma institución.
Tres generaciones ligadas por la misma enseñanza
El sentido de pertenencia en Colonia La Celestina trasciende el tiempo. Para Ismael Crespi, exalumno que ingresó al establecimiento en 1962, la institución representa una herencia familiar que abarca tres generaciones: su padre, él junto a su hermana, y posteriormente sus propios hijos cursaron sus estudios allí.
"Tenemos recuerdos muy lindos y anécdotas inolvidables. Pasamos muchos años compartiendo con maestras como Elvira y Rosana. Fue una época hermosa donde la comunidad siempre colaboró muchísimo para sacar la escuela adelante", recordó Crespi.
De las aulas al compromiso cooperativo
Nora Adriana Rodríguez cursó desde el jardín hasta el séptimo grado bajo la tutela de Elvira, su única maestra durante toda la primaria. Hoy, Nora ocupa la presidencia de la cooperadora escolar, manteniendo encendido el compromiso con la institución que la vio crecer.
"Elvira no solo nos enseñó a leer y escribir, nos enseñó valores, respeto y colaboración. Éramos muchos chicos en un aula única y nos ayudábamos entre todos. Hoy la escuela cuenta con 10 alumnos, pero está hermosa, equipada con gas, luz, internet y computadoras. Estar en la cooperadora es mi forma de agradecer y seguir apostando por este lugar", destacó Rodríguez.