El artista riocuartense fue distinguido como personalidad destacada de la ciudad. Eduardo Angelini repasó sus comienzos en la pintura, su vínculo con la acuarela y la importancia de transmitir su pasión a nuevas generaciones.
Eduardo Angelini lleva más 4 décadas haciendo del arte una forma de vida. A 45 años de sus primeros pasos en la pintura, el artista riocuartense fue distinguido por el Concejo Deliberante como personalidad destacada de Río Cuarto, un reconocimiento que pone en valor no solo su trayectoria, sino también su aporte a la formación de otros artistas.
En diálogo con Viva la Mañana, Angelini recordó que su acercamiento a la pintura comenzó de la mano de Héctor Otegui, una figura del arte local. Por entonces, mientras esperaba durante más de una hora una llamada telefónica en una cabina pública, ingresó junto a quien entonces era su novia a una exposición de Otegui. “Qué lindo es tener un motivo de vida como tiene este hombre”, pensó al salir de aquella muestra. Esa experiencia terminó convirtiéndose en un punto de inflexión.
“Yo creo que por eso abracé y comencé a pintar”, contó Angelini, quien inicialmente trabajó con óleo y posteriormente encontró en la acuarela una técnica que lo acompañaría durante gran parte de su trayectoria.
El artista explicó que su llegada a la acuarela estuvo vinculada a la amistad con Oscar Robledo y Marcelino Babini. Los tres comenzaron a salir juntos a pintar y durante unos 15 años compartieron fines de semana de aprendizaje, análisis y experimentación. “Realmente hicimos escuela entre los tres”, recordó.
La experiencia los llevó a recorrer distintos lugares de Río Cuarto y la región para pintar al aire libre, incluso en días de lluvia y nieve. Para Angelini, ese proceso fue fundamental porque la acuarela es una técnica que, según sostiene, nunca termina de aprenderse. “Esta técnica es infinita, infinita. Uno no termina nunca de aprender”, aseguró.
Con el paso de los años, Angelini también comenzó a transmitir sus conocimientos a través de talleres. Para él, enseñar no consiste solamente en explicar cuestiones técnicas como el color, la perspectiva o los materiales. Su objetivo es transmitir la pasión por el arte y generar un espacio de encuentro.
“Somos un grupo de amigos que pensamos lo mismo y compartimos un instante fantástico”, explicó sobre sus talleres, donde la pintura convive con la música, las charlas, el mate, el café y el humor. En ese sentido, considera que el arte puede convertirse en una herramienta para encontrar un espacio propio y atravesar momentos difíciles. “Es necesario buscarse un tiempo para uno”, sostuvo, y remarcó que el arte puede ser “sanador” y ayudar a llenar espacios de la vida cotidiana.
Angelini también compartió durante la entrevista uno de los momentos más duros de su vida. Mientras acompañaba a su esposa durante una enfermedad, recibió el encargo de realizar una gran cantidad de obras para un empresario amigo.
Terminó pintando 150 cuadros, que actualmente forman parte de un hotel de Río Cuarto, con obras distribuidas en las habitaciones y espacios comunes. “Me ayudó a soportar en un momento muy duro”, recordó. La pintura le permitió permanecer cerca de su esposa y, al mismo tiempo, encontrar una actividad que lo ayudara a atravesar aquella etapa.
La distinción como personalidad destacada representa para Angelini un reconocimiento a una trayectoria construida durante décadas, pero también a un camino que todavía continúa.
Aunque reconoce que con el tiempo fue reduciendo la cantidad de talleres que brinda, mantiene intacta la intención de compartir las herramientas que adquirió durante su carrera. “Es necesario transmitirla”, afirmó al referirse a su pasión por el arte.
Con más de 40 años de trayectoria, Angelini entiende que pintar no es solamente producir una obra. Es también encontrarse con otros, aprender, enseñar y construir vínculos.
Su historia comenzó con una visita casual a una exposición de Héctor Otegui y terminó convirtiéndose en una pasión que, cuatro décadas después, sigue compartiendo con la comunidad de Río Cuarto.