Mateo Grassini, socio gerente de Lema Libros, dialogó sobre el riesgo de derogar la Ley 25.542 y advirtió acerca de las consecuencias para la bibliodiversidad y el sector cultural.
Mateo Grassini, socio gerente de la emblemática librería Lema Libros, dialogó con Micrófono Abierto, sobre el riesgo de derogar la Ley 25.542 y advirtió acerca de las consecuencias para la bibliodiversidad y el sector cultural.
El sector librero local expresa su profunda preocupación ante los intentos oficiales de desregular la Ley 25.542 de precio uniforme, una norma clave para proteger a los comercios independientes.
Sancionada en 2001, la normativa establece un Precio Uniforme de Venta al Público para los libros nuevos, evitando que las grandes cadenas ejerzan una competencia desleal que asfixie a los comercios.
Defender la bibliodiversidad
En diálogo con Micrófono Abierto, Mateo Grassini explicó que la bibliodiversidad representa «la disponibilidad de títulos diversos para todo tipo de lectores» y remarcó que el libro constituye un bien cultural.
"Es lo más democrático que pueda haber, porque el libro no es una mercancía común, sino que es una mercancía intelectual, cultural, de expresión. Tenemos conocimiento de miles de años gracias a los libros”.
El referente advirtió que la eliminación de la regulación reduciría la disponibilidad de obras, limitando el mercado únicamente a los éxitos de venta y perjudicando a los escritores independientes.
“Si se pierde la bibliodiversidad en la práctica, eso implica que las editoriales van a dejar de financiar a otros autores, entonces, hay libros que no se publicarán y sólo quedarán los best sellers, los libros que tienen alta rotación, pero aquellos escritores independientes, aquellos que tienen algo para contar, se les va a complicar muchísimo, y la reducción de la bibliografía en la práctica implica la desaparición de un montón de voces, de títulos, y también de libros que encuentren a su lector".
Experiencias internacionales y el impacto local
Para ilustrar el escenario de una posible desregulación, el librero recordó los antecedentes internacionales, señalando el caso de países como el Reino Unido y Chile, donde la concentración redujo las librerías.
"Hay que ver qué ocurrió en la práctica cuando se aplicó esta política en otros países, como el Reino Unido, donde desaparecieron más de mil librerías, y también en Chile, donde prácticamente no hay librerías, y donde la venta de libros se concentra en las grandes superficies. Además, el libro en Chile es históricamente costoso por esto.
Al desregularse las librerías, los competidores en el mercado dejan de competir por exhibir el mejor catálogo, darle mejor atención, y empiezan a competir por precio.
Así los grandes jugadores pueden aplicar técnicas de políticas de precios agresivos, para borrar del mercado al resto, y una vez que se quedaron en el mercado, pueden subir los precios de vuelta".
En contraste, destacó los modelos de Francia y España, naciones que mantienen normativas similares a la Argentina para garantizar la divulgación de múltiples voces y sostener los espacios culturales.
Grassini enfatizó que "las librerías son el lugar por excelencia de la democracia, donde todas las voces pueden ser expresadas y donde todo aquel que quiere encontrar algo lo puede lo puede encontrar. Si eso desaparece, entonces desaparecen los autores independientes, empiezan a jugar más a favor aquellos intereses que quieren ser publicados por las personas o los grupos con más influencia, y se reduce la disponibilidad de libros, de voces, de ideas, de historias".
En cuanto al consumo actual en la ciudad, Mateo Grassini indicó que las ventas sufrieron una caída generalizada debido a la merma en el poder adquisitivo, afectando a los y las docentes universitarios.
No obstante, detalló que el público principal está conformado por mujeres, quienes representan el 70% de las personas compradoras, mientras persiste el desafío de fomentar la lectura infantil.