El Dolor de la madre de Ale Flores: 35 años de impunidad
- 11/07/2026 13:29 hs
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A 35 años de la desaparición y muerte de Alejandro Flores, el niño de 5 años que conmovió a Río Cuarto en 1991, su madre, Rosa Arias, afirmó en una profunda entrevista con el programa “En Primera Persona” por LV16.
El 16 de marzo de 1991, alrededor de las 17 horas, el pequeño Alejandro le pidió permiso a su madre para ir a la casa de su tía a mostrarle su guardapolvo de jardín de infantes. Fue la última vez que Rosa lo vio. Al notar que se avecinaba una tormenta, salió a buscarlo, pero el niño nunca había llegado a destino.
Con el dolor intacto pero con una entereza inquebrantable, repasó la trágica cadena de eventos, las sistemáticas mentiras policiales y la inacción judicial que sepultaron la verdad de lo ocurrido con su hijo.
En medio de la desesperación de una madre que busca a su hijo, la respuesta de las instituciones del Estado fue el abandono total.
La policía le prometió patrulleros para comenzar la búsqueda, pero los móviles nunca llegaron, obligando a los propios vecinos a unirse en una búsqueda desesperada a pie.
Maniobras de ocultamiento: Horas más tarde, Rosa vio un patrullero salir de la morgue sin luces. Al pedirle ayuda, el oficial se ocultó el rostro y huyó.
Remarcó que en lugar de investigar, la propia policía intentó incriminar a Rosa y desviar la investigación acusando falsamente a la comunidad gitana.
En 1995, tras recibir información anónima en una iglesia que indicaba que Alejandro había sido adoptado ilegalmente por un militar y se encontraba en Punta Arenas, Chile, Rosa movilizó cielo y tierra.
Con un exhorto judicial pero sin fondos estatales, Rosa tuvo que juntar dinero mediante rifas y gracias a una donación de 500 pesos del contador Félix Almada para poder viajar a Chile. Pese al gran esfuerzo de los carabineros y la justicia chilena, la pista resultó ser falsa, sumando más dolor a su búsqueda.
A su regreso, la peor de las sospechas comenzó a materializarse en una serie de nueve excavaciones. Testigos clave, como Norma Nieto, terminaron por confirmar la verdad que el poder intentaba esconder:
Ale había sido atropellado por un móvil policial en el que iban los oficiales Gaumet y Funes. Lo levantaron del lugar y, en vez de asistirlo, lo ocultaron.
Según los relatos de la causa, el niño fue llevado a la casa de Rosa Manazzero (quien luego sería jefa del hospital). El libro de guardia de la policía de aquella noche omitió cualquier registro del ingreso del menor, sellando un pacto de silencio y encubrimiento institucional que protegió a los culpables.
A pesar de que los restos de Ale fueron encontrados el 2 de julio de 2008 y se confirmaron las responsabilidades y los nombres de los involucrados, la justicia dictó la prescripción de la causa, dejando el crimen en la total impunidad.
"La justicia del hombre lamentablemente es la que manda acá en la Tierra, y por más pruebas que tengamos, ellos hacen lo que quieren", expresó Rosa con profunda amargura.
Rosa Arias cerró su testimonio afirmando que el nacimiento de sus nietos, Byron y Hana, y el acompañamiento de sus hijas (entre ellas Joana, quien tenía solo 4 meses y estaba en brazos de Ale el día que desapareció) son las razones que le devolvieron las ganas de vivir.
A 35 años, el reclamo de esta madre sigue vivo: la justicia olvidó, pero su memoria y la de la comunidad de Río Cuarto no.