Originaria de cuba y bahamas, la lagartija caribeña que ilustra esta página es un macho de anolis pardo (Anolis sagrei), especie que hoy se ha introducido en otros lugares de América y Europa. Más grandes que las hembras, solo ellos lucen este pliegue gular tan colorido y granulado, que puede ir del amarillo al rojo anaranjado. Extremadamente territoriales, cuando un macho rival entra en su territorio, los anolis despliegan su papada como señal de advertencia antes de –si se tercia– atacar.
«Este abanico es una membrana extensible que accionan mediante el aparato óseo hioideo, que es flexible, y constituye un importante elemento distintivo a la hora de cortejar a las hembras», explica Albert Masó, doctor en ecología y evolución.
Durante la época de cría, añade el experto, los machos defienden territorios que albergan varias hembras y se aparean con todas las que pueden. Ellas, que también son promiscuas, almacenan el esperma de varios machos y depositan un solo huevo cada semana o dos a lo largo de varios meses.
Para el apareamiento, el anolis macho inicia su aproximación a la hembra moviendo la cabeza arriba y abajo y desplegando repetidamente el saco gular. Si ella está receptiva, él se aproximará luciendo papada y, tras sujetarla mordiéndole el dorso o el cuello, tendrá lugar la cópula. ¡Misión cumplida!
Esta nota se publicó en el número de julio de 2026 de National Geographic.