Tras el reporte del organismo que provocó caídas en los precios internacionales, el especialista Juan Vasquetto recomienda prudencia a los productores para evitar ventas de pánico.
JUAN VASQUETTO
El último informe sobre comercio internacional del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) no trajo sorpresas descollantes respecto a la producción física, pero la decisión de elevar la estimación para Argentina y Brasil, junto con un incremento de 6 millones de toneladas en las reservas globales de maíz, bastó para activar una corrección bajista en las cotizaciones de la pizarra.
Ante este panorama, el especialista en agronegocios Juan Vasquetto recomendó a los productores mantener la prudencia y apelar a las herramientas financieras antes de convalidar pérdidas en el disponible.
La trampa de las ventas de pánico y el factor petróleo
La combinación de la baja internacional con el retroceso del barril de crudo —que supo tocar los 120 dólares y hoy se asienta en la línea de los 80 dólares— presiona los valores de los granos. Esta seguidilla de factores suele empujar al sector a tomar decisiones apresuradas por temor a mayores desvalorizaciones.
Frente a la tentación de salir a liquidar de forma inmediata, la consigna clave para el campo en este escenario es mantenerse cauto y analizar minuciosamente las opciones. Desesperarse para vender mercadería física implica adoptar una estrategia financiera inadecuada para la gestión del negocio.
El maíz de cobertura como un plazo fijo en granos
La alternativa recomendada para los productores que deciden retener el maíz se centra en la utilización de coberturas mediante la venta de futuros. Esta operatoria técnica no exige necesariamente la entrega física del grano, ya que el contrato puede desarmarse antes de su vencimiento.
Por la estacionalidad actual, se presentan pases sumamente atractivos que permiten obtener rendimientos en dólares equiparables a los de una obligación negociable de una empresa argentina. La gran ventaja de este mecanismo es que el productor logra dicha rentabilidad sin correr riesgos de reperfilamiento o default de una firma privada.
Para sortear la coyuntura, la hoja de ruta sugerida para las administraciones rurales consiste en revisar las existencias propias, monitorear los mercados de futuros, diseñar un presupuesto financiero bien acotado y estructurar las coberturas utilizando la mercadería que ofrece menor rendimiento, incluso cuando esta ya se encuentre almacenada.