La institución educativa atraviesa un profundo cambio de paradigma frente a las demandas sociales. La profesora en Educación Especial, Soledad Maluzan advierte sobre la necesidad de involucrar a toda la comunidad para acompañar las trayectorias de niños, niñas y adolescentes frente a familias cada vez más exigidas por la cotidianidad.
En una sociedad atravesada por la inmediatez y el ritmo vertiginoso del día a día, las familias se debaten entre las exigencias laborales y económicas. Este escenario repercute de manera directa en el tejido social y, consecuentemente, en el interior de las aulas. Frente a la reconfiguración de los lazos familiares tradicionales, las instituciones educativas han comenzado a absorber responsabilidades que exceden lo puramente académico, enfrentando problemáticas complejas que van desde la disciplina y la falta de adaptación social, hasta la necesidad constante de contención emocional.
En este contexto de transformaciones rápidas, resurge con fuerza el viejo proverbio africano que sostiene que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Hoy, los docentes y directivos observan realidades que muchas veces pasan desapercibidas en los hogares, asumiendo un rol activo en la protección y promoción del bienestar de los estudiantes.
Sobre esta compleja realidad que atraviesa la región, Soledad Maluzan, profesora en educación especial, coordinadora de cursos en el instituto Leonardo Da Vinci, ofrece una radiografía de lo que verdaderamente ocurre cuando suena el timbre de ingreso. "El espacio de privilegio de enseñanza-aprendizaje es, además, un lugar de encuentro, de construcción de vínculos y de cuidado", explica la docente, remarcando que si bien la escuela debe acomodarse a los cambios, no considera que la familia esté completamente ausente, sino inmersa en nuevas circunstancias sociales.
De las faltas a las "trayectorias cuidadas"
La dinámica dentro del sistema educativo experimentó modificaciones estructurales impulsadas desde el Ministerio de Educación. Atrás quedó la época donde un estudiante acumulaba inasistencias y simplemente perdía su regularidad. Hoy, el foco está puesto en retener y sostener a los alumnos dentro del sistema institucional.
Maluzan detalla que actualmente se trabaja bajo la figura de las Trayectorias Escolares Asistidas (TEA). "Antes uno faltaba a la escuela y se quedaba libre. Ahora eso no existe más. Imaginate la importancia de la escuela: un chico no queda libre, lo contiene de alguna manera el colegio. Lo que busca la escuela es que no repita, porque cuando hay mucha repitencia el alumno se va", puntualiza la coordinadora.
Este cambio de normativa responde a una realidad ineludible, la extensión de las jornadas escolares hace que los estudiantes pasen gran parte de su día en el entorno institucional. "Los niños y los adolescentes pasan a veces más tiempo en la escuela con nosotros, en horas continuadas, que con su familia. Es una realidad, la escuela es un gran refugio y los mismos chicos lo dicen", reflexiona.
La afectividad y los nuevos desafíos en las aulas
El rol del docente también se ha visto interpelado, enfrentándose a un cambio cultural en la forma de percibir y tratar a los jóvenes. Las demandas actuales exigen abordar la educación entendiendo a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho que toman decisiones y requieren un acompañamiento integral.
"Antes por ahí se pensaba la adolescencia como una etapa bastante única y uniforme. Ahora se está hablando más de un curso de vida, no hay una única forma de ser joven, hay una diversidad muy grande y se busca mucho el respeto a estas diferentes formas", señala Maluzan.
En este marco, la institución educativa debe lidiar con la "afectividad", un concepto que abarca las emociones, miedos, la construcción de la identidad y la sexualidad de los alumnos. Todo lo que sucede fuera de los muros del colegio, inevitablemente, emerge en las aulas. "Me parece que el desafío más grande que nos encontramos ahora no es solamente aceptar la diferencia, sino convivir y vivir de la mejor manera, en paz y respetuosamente, sin olvidarse el objetivo principal que es enseñar y aprender", afirma la profesional.
Reconstruir la tribu comunitaria
Frente a estas exigencias, la solución no radica en sobrecargar únicamente al cuerpo docente, sino en conformar una sólida red de contención interinstitucional. La escuela por sí sola no puede abarcar todas las necesidades, y las familias, por su parte, lidian con un entorno económico y cultural que exige salir a trabajar constantemente.
Para lograr este objetivo de cuidado y protección, resulta fundamental tejer vínculos a nivel social. "La escuela tiene que hacer lazos con la familia, con los centros de salud, con el club. La escuela como comunidad es una tribu, y me parece que tiene que tomar este lugar de mucho compromiso", sostiene la profesional moldense.
El resguardo de las infancias requiere, en definitiva, de una responsabilidad compartida por los distintos estamentos de la sociedad. Como subraya el análisis de la situación actual, valorar la educación implica sostener esta red de contención con el indispensable respaldo de un Estado presente, garantizando que el objetivo primordial siga siendo el cuidado integral y el crecimiento de las futuras generaciones.
MICRÓFONO ABIERTO - GABRIEL MARTELLA Y LAURA PEREYRA