Marcelo Balbini visitó La Vuelta del Perro para hablar sobre la muestra de este gran dibujante que se presentará en la Tintorería Japonesa y estará hasta el 30 de mayo.
Marcelo Babini, artistas plástico, visitó La Vuelta del Perro para hablar sobre Héctor Alfonso, reconocido dibujante que dejó su huella a nivel nacional.
Cuando decidimos la denominación de la exposición en su homenaje, coincidimos en que Alfonso era casi un desconocido para muchos de los que estamos en esto, y mucho más para el resto. Cuentan, quienes lo conocieron por aquellos años, que partió muy joven hacia Buenos Aires para comenzar su carrera. La Capital era, en ese entonces, la meta para los que pretendían vivir del dibujo, para lo cual vendió su bicicleta y pagó el pasaje.
Durante 50 años desarrolló todo su arte en editoriales, productoras de cine, agencias de publicidad y otros lugares donde muchos de sus dibujos, como tantas veces sucede en la industria, quedaron detrás de otros nombres para los cuales trabajó. Sin embargo, su trabajo brilló y fue sobresaliente, tanto que en esos ambientes profesionales lo llamaban: "Alfonsito, el maestro de la forma". Integró equipos de animación, dibujó cientos de storyboards publicitarios y fue un protagonista indiscutido de la época de oro (los sesenta) de la Historieta Argentina.
Conocí a Alfonso a principios de los 80. Llevaba una vida solitaria. Un bohemio, un ermitaño como nunca había visto. Solo lo acompañaban un lápiz, una pluma y un cigarrillo. Quedé admirado por sus bocetos, pasados a tinta impecables, y por sus chicas lindas en los papeles. Estaba de regreso después de dibujar fondos y personajes ya famosos -Los Picapiedras- en una verdadera fábrica de fantasías: los estudios de Hanna-Barbera en California.
De una familia chiquita, solo su mamá y él. Recuerdo que a veces él le escribía una carta a su mamá yo se la alcanzaba cuando venía desde Buenos Aires. Cuentan también que nació en un ranchito muy humilde cercano a Alpa Corral.
Dotado como pocos para mantener cualquier conversación sobre arte, fue un hombre generoso, que enseñó y acompañó a muchos de su generación. Sus dibujos aquí exhibidos fueron utilizados durante años por alumnos de la escuela de otro grande, su amigo Yabar.
Para los que son de la historia de la historieta, solo resta decir que Alfonso publicó tiras serias y de humor. Integró el staff de Editorial Mazzone (Capicúa y Afanancio), creó su propia revista -Planeta 21- donde escribió guiones y dibujó aventuras en el espacio, y realizó tiras cómicas para revistas populares de la época como Loco Lindo, Rico Tipo y Pobre Diablo.
Alfonso fue, para muchos, un señor del lápiz y de la tinta, y un placer para quienes tuvieron la suerte de conocerlo.
Por eso nuestro homenaje.