El actual fiscal de la causa Dalmasso detalló cómo se realizó el mapeo genético que identificó al sospechoso. "No salimos a buscar gente por Río Cuarto indiscriminadamente", lanzó ante el tribunal, aclarando que el ADN coincidió en ocho sectores del cinto de la bata.
La última jornada del Jury de Enjuiciamiento a los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro contó con un testimonio clave para entender el presente de la causa: la declaración de Pablo Jávega. El fiscal, que hoy lleva las riendas del expediente, detalló el minucioso proceso técnico que permitió poner el foco sobre Roberto Barzola tras años de incertidumbre genética.
Jávega comenzó su exposición refiriéndose a un elemento que resultó fundamental: una huella en el cinto de la bata que sujetaba el cuello de Nora. Según explicó, tras los dichos del fiscal de Cámara Río Cuarto, Julio Rivero, se consideró que "sería un buen comienzo largar por algo que tendría una solidez científica". En ese sentido, destacó que la primera labor recayó sobre el centro de genética forense, a los que calificó como "los pilares de esta investigación".
Durante su declaración, el fiscal hizo un repaso cronológico para clarificar qué se sabía y cuándo. Precisó que el ADN mitocondrial de un pelo se informó a finales de 2007, mientras que el FBI ya había advertido sobre una mezcla de perfiles, donde uno de ellos correspondía a Macarrón.
Sin embargo, el punto de quiebre sobre lo que hasta entonces era "desconocido" surgió entre 2010 y 2013, bajo la gestión del fiscal Di Santo. Jávega puntualizó que ese hallazgo fue referido por la doctora Nidia Modesti, lo que llevó a la justicia a replantear la estrategia de búsqueda. "Hicimos un mapeo genético, se consensuó con el centro genético cuántos aportes podían hacer ellos. En ese momento era menester ubicar quién sería el aportante de esas huellas", afirmó el funcionario.
Ante el tribunal, Jávega explicó que, al no existir una sospecha inicial fundada contra una persona en particular, la estructura del fundamento se basó en un informe técnico. El desafío era filtrar un universo de personas que habían transitado por la vivienda de la víctima en la escena del crimen o sus alrededores.
"Se empieza a trabajar sobre una lista de personas prioritarias. El criterio para ordenar las personas era la proximidad en tiempo y en lugar", sostuvo Jávega. Fue bajo ese esquema de trabajo que surgió el nombre que hoy resuena en el proceso: "En el primer grupo de sospechosos estaba Barzola. Todas eran personas próximas a lo ocurrido".
Con la declaración del fiscal Jávega, el Jury cierra una etapa técnica fundamental para determinar si los fiscales cuestionados omitieron pasos clave o si, por el contrario, la tecnología y los criterios de prioridad científica no permitieron avanzar con mayor celeridad en los años previos.