Los hermanos Humberto "Pinocho" y Juan Próspero Alanis recordaron la figura de Ricardo Tomás Aimar, destacando su calidad humana y su talento inigualable dentro de la cancha. Entre anécdotas sobre los torneos de la Liga de Río Cuarto y su rol como padre de Pablo Aimar, los excompañeros despidieron a quien definieron como un "ángel" que siempre vivía riéndose.
Humberto "Pinocho" y Juan Próspero Alanis
La partida de Ricardo Tomás "Payo" Aimar, padre de Pablo Aimar, dejó un vacío profundo en el fútbol regional, pero sobre todo en aquellos que compartieron vestuarios, viajes y largas charlas de café. Los hermanos Humberto "Pinocho" Alanis y Juan Próspero Alanis, brindaron su testimonio para homenajear a quien no solo fue un crack con la pelota, sino un compañero entrañable.
Humberto "Pinocho" Alanis recordó con precisión los tiempos de gloria, especialmente el torneo del 73 donde la Liga salió campeón. "Como jugador, fue un monstruo. Jugaba distinto. No se ve ni de casualidad jugar como él hoy día", sentenció respecto a las capacidades técnicas del "Payo". Según relató, la conexión de Aimar con sus compañeros en el campo era casi telepática: "Con la Mona se entendían de maravilla. Lo miraba y le metía los pases entre líneas, por arriba, por abajo. La Mona giraba y era gol".
Fuera de los límites de la cal y el césped, Ricardo Aimar se destacaba por su sentido del humor y su capacidad para disfrutar de las bromas. Los hermanos Alanis recordaron su paso por el grupo Satélite y cómo el "Payo" los instaba a hacer chistes. "Era divertido, se reía a carcajadas. Pero era bueno, un ángel; hablaba poco, él lo vivía riéndose nomás. El fútbol te deja eso, estas amistades", rememoró Humberto Alanis.
La exigencia y el cuidado de sus hijos también formaron parte del relato de los Alanis. Ricardo fue una pieza clave en la formación de sus hijos, incluyendo al reconocido Pablo Aimar. Sobre esto, "Pinocho" recordó la firmeza con la que el "Payo" manejaba los inicios de la carrera del ex River: "Como padre también siempre hablaba a los chicos, los tenía correctos. Lo tenía corto. Cuando Pablito fue a Boca y se vino... tuvo que mandar a Laura, la hermana, para que se quedara allá".
Incluso recordó un encuentro casual en el que Ricardo bromeaba sobre la intención de su hijo de regresar a sus pagos: "Un día andaba con el Pablito y el padre. Me dice: 'Yo quiero que venga en colectivo'. Y se dio vuelta.....Pablito era un crío viniendo de allá para Córdoba. Los tenía cortos".
Por su parte, Juan Próspero Alanis hizo hincapié en la sencillez que caracterizó a Aimar durante toda su vida, independientemente de su éxito deportivo. "Ricardo siempre fue un muchacho extraordinario. Conmigo era algo... yo tenía un tallercito y siempre llegaba con una humildad terrible", afirmó.
La relación entre ellos nació en las canchas de Banda Norte, cuando Juan jugaba en el Taller Municipal, y se mantuvo inalterable a través de las décadas. Entre risas, recordaron las bromas pesadas que se hacían, como aquella vez que el "Payo" convenció a Juan de esconderle la bicicleta a su hermano: "El Juan me escondió la bici. Si salgo yo no la veo por ningún lado. Miro y veo al Juan que se asoma y estaba el Payo, se reía".
Para los hermanos Alanis, la pérdida de Ricardo Aimar representa el cierre de un capítulo de camaradería y respeto mutuo. "Él sí que era bueno. De verdad. Una persona especial", concluyó Juan Alanis.