Para cualquier riocuartense, cruzar el pasaje que une las calles Constitución y Sobremonte era, cruzar generaciones. Allí, tras las vidrieras de El Chiche, el mundo se detenía ante esa fascinación infantil que solo un juguete nuevo puede despertar. Hoy, cierra sus puertas.
Gabriel Galeano I
Gabriel Galeano II
Gabriel Galeano III
Gabriel Galeano IIII
En el programa Viva la Mañana, junto a Pablo Ferrari y Mercedes Magnano, Gabriel Galeano, dueño de la tradicional juguetería El Chiche, repasó la historia de un lugar que cerró sus puertas en el pasaje Dalmasso, tras 88 años de vida, dejando un vacío en el corazón del centro de la ciudad.
De la vereda al mostrador: un sueño de 70 años
La historia de Gabriel con El Chiche no empezó con un contrato, sino con la nariz pegada al vidrio. "A los 7 años, hace ya siete décadas, venía los domingos a la tarde con mi madre y mi hermano. Salíamos de Banda Norte, caminábamos hasta la Plaza San Martín y el paseo era venir a ver la juguetería", recordó Galeano conmovido.
Lo que empezó como la ilusión de un niño de barrio se convirtió, años más tarde, en una realidad profesional cuando tuvo la oportunidad de comprarle el negocio a Doña María. Durante 30 años, Gabriel fue el guardián de ese "templo de los juguetes", un local angosto pero infinito en contenido, donde convivían desde los clásicos camiones de goma de Duravit hasta el fenómeno masivo de las Barbies.
Épocas de gloria y veredas colmadas
Hablar de El Chiche es hablar de las vísperas de Navidad o del Día del Niño, cuando el pasaje, lugar donde nació la juguetería, se transformaba en un hormiguero de ilusiones. Galeano recordó aquellas jornadas maratónicas:
"Abríamos a las 8:30 de la mañana y cerrábamos a las 11 de la noche. Éramos entre 16 y 20 personas trabajando adentro y no dábamos abasto. La gente hacía cola en el pasaje y esperaba feliz, porque sabían que estaban llegando al paraíso".
Para Gabriel, vender un juguete nunca fue una simple transacción mercantil. Entendía que trabajaba con un "material sensible": la sonrisa de un padre imaginando la cara de su hijo al abrir el regalo. "El que entra a una juguetería siempre entra con una sonrisa y una ilusión", reflexionó.
Aunque las buenas ventas en fechas especiales continúan, "hoy capaz a los chicos le compran un teléfono", dijo. Además, según las estadísticas, hay menos niños en la ciudad.
El fin de una era en el pasaje
El cierre del local emblemático en diciembre pasado fue "un sacudón" para la ciudad. El cambio en los hábitos de consumo, la competencia de las ventas digitales y el paso del tiempo llevaron a Gabriel a tomar la difícil decisión de cerrar la sucursal del pasaje para concentrar la actividad en el local de General Paz 940, donde continúa vigente.