Las historias de superación personal suelen tener un denominador común: la inquebrantable voluntad de no bajar los brazos.
Silvia Maggio, de 72 años, es la personificación de esa premisa. En diciembre pasado, esta vecina incansable logró su tercer título universitario al recibirse de abogada en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), sumando este logro a sus anteriores profesiones de enfermera y psicóloga.
Lejos de optar por una jubilación pasiva, Silvia encontró que la vida de "clase pasiva" no la llenaba. "Hice cursos de plomería, gas, cocina y hasta me fui de viaje de jubilados, pero me aburría. Los paisajes los veía un día y al otro ya era lo mismo. Sentía que tenía una cuenta pendiente de chica", confesó Maggio. Esa inquietud, sumada al deseo de motivar a sus seis hijos para que retomaran sus estudios, fue el motor que la impulsó a inscribirse en la carrera de Abogacía.
Una vida de sacrificio y venta ambulante
El camino académico de Silvia nunca fue sencillo. Separada y a cargo de seis hijos pequeños, entre ellos, trillizos, debió ingeniárselas para mantener el hogar y seguir capacitándose. Su primera carrera, Enfermería, la cursó trabajando en turnos nocturnos, de 21 a 6 de la mañana, para poder atender a sus niños durante el día e ir a cursar sin dormir.
Sin embargo, su tenacidad se puso a prueba nuevamente cuando decidió estudiar Psicología. Al no poder sostener un empleo de ocho horas fijos, optó por la venta ambulante. "Vendía lapiceras y pastillas arriba de los colectivos. Bajaba con la cajita, la guardaba en una bolsa, sacaba el cuaderno y cursaba. Al terminar, volvía vendiendo. Así me recibí de psicóloga", relató con orgullo.
La universidad como hogar de tres generaciones
Hoy, la realidad de Silvia es diferente, aunque su espíritu es el mismo. A pesar de tener dificultades de movilidad que la obligan a usar bastón, asistió a clases presenciales todos los días, sentándose siempre en primera fila para no perder detalle. "Con el bastón tardo más que los pibes, pero llegaba igual. La presencialidad y el debate con los profesores es algo que nos nutre", aseguró la flamante abogada.
Su ejemplo ha calado hondo en su familia. Actualmente, en la misma Universidad Nacional de La Matanza donde ella se graduó, estudian una de sus hijas (Enfermería) y una de sus nietas (Comunicación Social), convirtiendo a la casa de altos estudios en el punto de encuentro de tres generaciones.
De la crisis del 2001 al sueño americano
La biografía de Maggio incluye también un capítulo de emigración. Tras la crisis de 2001, y con casi 50 años, partió hacia Estados Unidos para poder enviar dinero a su familia. Vivió en Miami y Las Vegas, trabajando inicialmente como niñera. "Llegué con un billete que no me alcanzaba ni para un pancho, pero la comunidad latina fue muy solidaria", recordó sobre aquellos años en los que, gracias a su creatividad para entretener niños con juegos tradicionales argentinos, logró establecerse laboralmente.
"El tiempo lo maneja uno"
La graduación en diciembre fue una sorpresa. Silvia no había contado que rendía la última materia por miedo a desaprobar, pero su nieta organizó un festejo inolvidable con familiares y compañeros.
Para aquellos que creen que "ya es tarde", Silvia Maggio tiene un mensaje claro: "El tiempo lo maneja uno. Yo saqué los juegos del celular y la televisión para concentrarme. A los que les va mal en un examen, les digo que no abandonen; un aplazo es solo un instante más de aprendizaje. La cabeza les da a todos, solo hay que insistir".
VIVA LA MAÑANA
PABLO FERRARI
FOTOGRAFÍA GENTILEZA SILVIA MAGGIO