En el panorama central de Informe 16 hablamos con el profesor Eduardo Escudero sobre los acontecimientos históricos que convirtieron a la ciudad en un eje agrícola, comercial y universitario. “Cada aniversario es una oportunidad para pensar quiénes somos como comunidad”, sentenció.
“Como pasa con los cumpleaños de las personas, los aniversarios de las ciudades activan preguntas sobre el pasado y el presente”, señaló el profesor Eduardo Escudero al comenzar la entrevista. Para el historiador, estas fechas funcionan “como un laboratorio en el que nos ponemos a pensar cómo ha sido la historia de las comunidades en las cuales vivimos y qué esperamos de esa historia”.
Escudero destacó que la reflexión sobre los orígenes conduce inevitablemente al tema de la identidad. “Aparece la pregunta por la identidad: ¿hay algo que nos distingue?, ¿hay algo que nos hace ser específicamente riocuartenses o somos ciudadanos del mundo?”, planteó.
Al repasar los hitos históricos de la ciudad, el docente mencionó dos momentos clave: “Por un lado, el nacimiento de Río Cuarto como Villa Real a fines del siglo XVIII, y por otro, la llegada del ferrocarril en 1873, que marcó el despegue económico y social de la región”. Según Escudero, este hecho “fue un fenómeno de integración y de conocimiento de Río Cuarto, un mojón de la modernización”.
Ya en el siglo XX, el profesor identificó nuevos puntos de inflexión. “En 1934 se crea el Obispado, lo que imprime una fuerte influencia de la Iglesia en la vida social y política local”, explicó. Y agregó que décadas más tarde, “la creación de la Universidad Nacional de Río Cuarto en 1971 vino a darle un toque fuertemente modernizador, propiciando el intercambio de ideas y la formación de hombres y mujeres dedicados a la ciencia y la docencia”.
Para Escudero, los procesos históricos no son lineales, sino dinámicos. “Siempre que hablamos de modernización y progreso, vienen los conflictos que hacen de motor a la sociedad”, expresó. En ese sentido, consideró que la recuperación democrática de los años 80 “abrió la posibilidad de nuevas alternativas culturales y económicas”, consolidando la identidad contemporánea de la ciudad.
Finalmente, el historiador invitó a los ciudadanos a mirar su entorno con otros ojos: “La historia está en las calles, en los nombres, en los edificios. Caminar Río Cuarto es descubrir las marcas del pasado que siguen vivas entre nosotros”.