"La historia de cómo nace Niña del Monte fue una manera muy genuina y natural en relación al contexto en el que estábamos, y también en relación a lo personal", relató Sofía Palacios, artista, comunicadora y guía de montaña que encarna un proyecto que va más allá de la música: se trata de una filosofía de vida arraigada a la tierra.
Desde su refugio en el “Rancho de la Niña del Monte”, en el campo familiar "La Aguada", Sofía construye, literalmente, sobre la memoria: "Ese rancho tiene mucho de especial porque ahí ya existía una tapera, entonces lo que hicimos nosotros fue reconstruir eso que ya estaba ahí. Fue como un llamado. Todo fluyó. El lugar nos eligió."
Al pie del “Cerro Blanco”, la artista transformó piedras y barro en un espacio creativo llamado “Huaca” –que en quechua significa "lugar sagrado"–, donde se celebran encuentros artísticos, culturales y espirituales. "La música que engloba el proyecto de Niña del Monte es World Music o música del mundo, porque vamos a las raíces de los folclores tradicionales, latinoamericanos, italianos, españoles..."
Pero el mensaje va más allá de los géneros musicales. Sofía utiliza el arte como instrumento de transformación: "Me parece que el arte puede usarse como una herramienta para hacer política desde lo apolítico, porque la política es construir desde la transformación social y ponderar lo importante”.
Junto al músico Hilario Baggini, se conformó el dúo “Don Hilario y Niña del Monte”, con el que ya ha recorrido escenarios europeos. "Hoy soy Niña del Monte” y creo que a través de ella encontré el equilibrio perfecto entre la Sofía que era una artista muy chiquita, y la artista más madura de hoy, con los objetivos más alineados."
La propuesta de “Niña del Monte” no se agota en lo artístico. También es una apuesta territorial por conservar y educar desde la naturaleza: "Quise darle una mirada más sustentable, donde se trate de educar a través de los pocos parches que quedan alrededor del Alpacorral y que no se pierda eso."
Así, este universo íntimo y expansivo toca también a quien lo escucha: "Cantando nuestras canciones en Europa, una señora se me acercó llorando. Me dijo: ‘Yo soy de Las Tapias’. Y fue muy fuerte, porque entendés que hay algo que conecta en lo más profundo, que somos un pañuelo emocional y cultural."
En un contexto de transformaciones urbanas como las que impulsa la Municipalidad de Adelia María, con obras que integran infraestructura, accesibilidad y memoria histórica –“Adelia María 100% LED, nuevos desagües, pavimento, rampas inclusivas, monumentos a héroes de Malvinas”–, propuestas como la de Sofía nos recuerdan que también hay transformaciones invisibles, pero igual de potentes: las que suceden en el alma y la cultura de un pueblo.
Y como ella misma pregunta y responde: “¿Cuánto de Niña del Monte tiene Sofía? Lo veo más bien al revés: cuánto de Sofía tiene Niña del Monte. Porque me pasa que, a través de ella, encuentro a esa mujer salvaje, ancestral, y de la tierra”.
Por Natalia Reineri