Pingüinos
Edición del 17 / 08 / 2018
                       
31/01/2018 11:19 hs

Cien mañas para ahorrar en tiempo de crisis  

Río Cuarto - 31/01/2018 11:19 hs
Historias de aquì cerca que nos ayudan a pensar y usar el sentido común para ahorrar.
       
Mi amigo el  “barba” no se ganó el apodo porque sí,  se lo ganó de muchachote  cuando comenzó a dejarse la barba;  se la recortaba una vez por semana con la tijera de la madre.
 
Ocurre que de adolescente  sacó la cuenta de cuánto gastaba su padre en hojitas gillete,  y él que era un seco, que lo hacía con las modernas maquinitas  descartables,   se dio  cuenta que a lo largo de una vida gastaría el valor de una moto  japonesa en afeitarse,  el valor de su moto soñada. 
 
Tenía la manía de calcular  sus gastos diarios o semanales por  treinta días, o por un año,  o por cincuenta años y le aplicaba una tasa de matemática financiera del secundario como si esa plata estuviera en el banco a interés y decía, “ ...en 50 años gastaré tanto en  maquinitas de afeitar, ni por pu… les pienso regalar esa plata...” .
 
Allí fue cuando se dejó la barba y nunca jamás gastó un peso en afeitarse. Tampoco compró la moto porque tenía que ahorrar para comprarse un terreno, pero esa es otra historia. El dice,  que un tipo que no tiene  un terreno para hacerse un rancho  no debería casarse ni tener hijos, que es de “mala cabeza” traer chicos al mundo sin casa propia.  Su primera casa  fue en el Alberdi profundo, tan profundo que solo había agua y energía eléctrica en ese sector.  En ese barrio no había cloacas, asfalto, cordón cuneta,  ni gas instalado.
 
De muchacho  tuvo un patrón que lo quiso como a un hijo,  máxime cuando le hizo ganar plata con su trabajo. Un buen día se fue agradeciendo el trabajo, pero por lo bajo diciendo “… ojalá nunca jamás nadie me vuelva a poner precio a mi tiempo y mi trabajo...”,  desde ese día fue su propio patrón y dueño de su tiempo.
 
Con los ahorros de su primer trabajo puso un kiosco que luego fue almacén,  luego almacén y carnicería, más tarde mutó a matarife y luego a contratista rural.
 
Cuando explotó la convertibilidad sembró a uno y cosechó a cuatro y allí dice que se hizo rico, ocurre que cuando él dice que se hizo rico ya tenía varios inmuebles alquilados. Con la soja llegó a cerca de veinte inmuebles, que como dice, toditos los años le dan uno nuevo.

Él fue quien me recordó cuando yo construía mi casa y pagaba albañiles y corralón,  que si el pan de panadería vale $ 1 peso, el que haces vos a la noche en tu casa mientras tonteas frente a la tele, vale un tercio de ese valor. Esa maña y otras cien más para ahorrar,   capitalizarse o capear los temporales económicos,  las traíamos ambos de nuestras familias gringas, pero parecían olvidadas por mí y él las recuerda a todas.
 
Tiene esa manía de sacar cuentas  de todo, o cuánto le  durará un zapato o una prenda, dice que los zapatos carísimos, a la larga son los más baratos porque duran una eternidad y que el último par que compró fue hace como diez años.  Dice que jamás hay que ir al centro con plata porque la emoción le gana a la razón, que sólo hay que salir con dinero a comprar los bienes y servicios indispensables y que lo barato si no hace falta, es caro.
 
Estimo que de tener en su cabeza cientos de precios de bienes y servicios para ir comparando, porque así suele surgir de las conversaciones cotidiana. Todos los cobros de sus trabajos y alquileres, como así también sus compras, las hace normalmente hasta el día diez del mes, luego el dinero que sobró lo ahorra en compra de materiales de construcción  y acopia en los corralones, dice que  los  materiales evolucionan más rápido que la moneda extranjera, “chupate esa mandarina”  decían las abuelas,  mientras algunos ahorran en moneda extranjera, este descubrió una forma más rentable.
 
También dice que el mismo pantalón de algodón que en forma de jean y teñido de color  vale un “perú”, con forma de pantalón de trabajo ó bombacha gaucha se lo venden a los albañiles y trabajadores rurales a  mitad de precio, por eso es que buena parte de la semana anda con ropa de trabajo; recuerda que las viejas en el barrio nos  criaron  a queso ricota, porque valía la mitad que el queso fresco.
 
Es uno de los pocos tipos que conozco que usa el dinero racionalmente y no  emocionalmente, cuando en la Universidad se dicte la carrera de  Ingeniería en  Uso de Dinero y  Ahorro, no me cabe duda que lo buscarán de director por que es quien desarrolló una ingeniería propia en el manejo del dinero, se le infla el pecho cuando le digo “Ingeniero”.
 
El “barba” es el coso mas inteligentes, ordenado y sagaz para el dinero  que conozco, sus familiares  envidiosos dicen que hizo plata de puro amarrete y afortunado, pero se equivocan fiero, un amarrete no hace la que tiene el “barba, esa cantidad sólo la hacen los sabios;  en el fondo sólo el contador y el abogado sabemos la que tiene y por momentos creo que la que tiene en el frío, sólo él y su esposa  la conocen. 
 
Se equivocan también porque el “barba” se conoce todo el país y buena parte de Latinoamérica,  un amarrete ama el dinero, no gasta ni en cultura ni en viajes y el “barba” ama  la lectura, ese es su único amo y  su debilidad. 
 
Es tan normal y previsible,   que los viernes se va  con su novia-esposa desde hace más de treinta y cinco años,  a su casa de la sierras a hacer huerta y leer, leer y leer, leer todo, todo, hasta la etiqueta del envase del champú cuando se sienta en el  baño. Dice que él es,  lo que leyó de diarios, revistas, economía, huerta, derecho, arte, geografía, formas de pensar, psicología artesanías, vestirse, etc.  Dice que está obligado a leer todo porque tuvo que salir a trabajar y no pudo terminar ni el secundario, de no ser así sería un inculto. 
 
Dice que leyendo las etiquetas de los productos que hay en el baño, llegó a comprender como los argentinos para higienizarnos le pagamos fortunas a un monopolio de dos empresas extranjeras. 
 
Su esposa dice que este sistema de ahorrar,  es para volverse locos en tiempos modernos y complejo de aguantar, por lo que obtenidos los objetivos parciales, hay que tomarse licencias y descansar unos días, luego vuelta al ahorro. 
 
Cuando dejó su vida de almacenero, hizo la de los  abuelos,  habilitó  una pieza de “despensa” y allí tiene ahorrado en comida, alimentos secos para varios meses, es un especialista en ahorrar en los “VEINTE ALIMENTOS QUE MAS DURAN ALMACENADOS”.
 
Es un raro bicho que  no usa tarjeta, vive de contado, no tiene pasaporte, no tiene cable, usa TV pública, su vehículo es uno estándar de calle de los que “no llama la atención de los envidiosos”.
 
Por fuera es un gris personaje que normalmente pasa desapercibido, un cuatro de copas, por dentro es una gran  persona,  a punto tal que  sus dos o tres  empleados  – todos – se hicieron su casa propia, les compró y financió el terreno y luego les ayudó con los materiales. Al  único empleado que le dijo que se busque otro trabajo -porque  en su negocio no quiere gente sin cabeza-  fue uno que se gastó todos los ahorros en un viaje a Brasil y volvió en febrero a pedirle plata.  Te encargo un pichón.
 
Como tantos otros en el sur de Córdoba, venía de familia radical-conservadora, hasta que llegó un gobierno que comenzó a mejorar las condiciones de vida de la gente e inventó otro negocio para que una de sus hijas se quedase con parte de esa cantidad de dinero que circulaba. Les puedo asegurar que lo logró.
 
Observó una nueva teoría en el uso y circulación del dinero que le formateó la cabeza, comprendió lo que dicen los economistas heterodoxos, “...el mercado interno es el 80% de la economía argentina, por lo tanto si metes racionalmente plata desde la base de la pirámide económica hacia arriba, esta sube, vivimos bien todos y se genera riqueza porque todos trabajan, cuando le sacás plata a la pirámide, sólo viven bien los que tienen capital...”.
 
A pesar de ello y viendo familiares sufrir por falta de plata,  comenzó a enseñarles   a usar el dinero racionalmente, diciendo que primero no se ahorra en plata, sino más bien en tiempo para trabajar y hacer plata, luego en comida, ropa y energías. Calcula hasta los recorridos de los viajes urbanos para no gastar de más en combustibles.
 
Uno de los pocos momentos en que pierde la calma es con los “sin cabeza”, “no tiene cabeza el imbécil ese…” “... para el asado compra costilla que tiene un 30% de pérdida en grasa y hueso,  ¿por qué no compra vacío, matambre y tapa de asado que es todo carne?, si,  definitivamente pierde la calma con los que usan el dinero emocionalmente ono tienen cabeza.
Lo conozco de purrete, ya que nos criamos en la colonia Italiana de Barrio Alberdi, nos criamos en la cultura de que si comes huevo, la cascara va de abono a la maceta, nos criamos con los  viejos y los hijos de los inmigrantes italianos que corridos por el hambre llegaban acá y se hacían el pan, el vino, la ropa, los ladrillos y la casa, a punto tal lo conozco, que las gringas de las familias periódicamente se juntaban a prestarse y cambiarse ropa en una especie de ropero solidario que existía entre ellas y a veces ligábamos la pilcha que al otro le había quedado chica.  

Reconoce con orgullo que gracias a su esposa y uno de sus entretenimientos – la costura – se ahorró montañas de plata en ropa, ya que de allí salían los disfraces para la escuela, los arreglos de ropa y alguna que otra confección a medida. 
 
Ni en mis épocas de empleado, ni en el mundo del Derecho,  ni en la universidad conocí semejante sabiduría  y sagacidad para los negocios, es más, si no hizo más plata es por ue no quiso, porque aprendió que a partir de un cierto punto de visibilidad la plata te trae más problemas que satisfacciones. 
 
Cierta vez le pregunté por qué no hacía tal inversión, me contestó que si lo hacía,   el inútil  de su cuñado conocería de su plata y le pediría la garantía para comprarse un auto  financiado, justo a él,  que considera sin cabeza al tipo que no le da la cabeza para comprarse un auto de contado, ese día casi lo  trompeo porque todos los autos que me compré,  fue siempre debiendo algo.
           
Un día le pregunté  si tenía algún método de razonamiento y él me dijo que el “análisis de la realidad”  surge a partir de su bolsillo y teniendo en cuenta afectos, obligaciones  y objetivos a largo plazo. Dice que  la segunda regla es que de lo que ingresa una parte hay que guardarla sí o sí  por si hay emergencias familiares o  imprevistos económicos y por último, se decide el orden de prioridades para gastos de consumo e inversiones. 
 
Dice que cuando pedís plata prestada o compras a crédito, el negocio es para el que presta, no para vos que pagas gastos e intereses.
 
Dice que aprendió que hay que trasmitir ahorro de generación en generación, al menos un terreno a cada uno de los hijos, porque sino cuando gobiernan los poderosos te ponen precio a tu trabajo y te esclavizan,  y él no quiere a sus hijas esclavizadas.
           
Siempre antes de gastar se pregunta si ese bien o servicio tiene un sustituto más económico que cubra esa necesidad, siempre se pregunta qué pasa si no lo compro, siempre se pregunta si no es más económico alquilar que comprar ese bien o servicio que solo se usa ocasionalmente.
 
No razona con las noticias que recibe de los medios de prensa, razona a partir de su bolsillo, razona a partir de la observación  de la realidad, razona a partir del precio de la harina, de la carne, de los quesos,  razona observando si sus amigos, familia o allegados tienen trabajo, casa, afectos, oficio, si se preparan para el futuro o los ganó la rutina y el conformismo.  Razona observando los que se caen del sistema.
 
Logré deducir parte de su orden de prioridad para compras, y arranca con  los alimentos,  que aunque usted no lo crea mantienen su valor más que la moneda local y extranjera, por lo que es una forma de ahorro, él dice que tiene el mejor plazo fijo en la despensa de su casa; allí se compra primero la harina blanca de trigo, siempre para dos o tres meses, de allí salen el pan casero, los fideos, los canelones, las pizzas y las tartas de ricotta. Ahí nomás se compran los segundos  alimentos sagrados según la esposa, y es la yerba, el café, el azúcar y la miel. En tercer lugar se compran  y almacenan los quesos  duros que duran meses en la despensa de la casa, luego el vinagre para consumo diario y para los encurtidos, luego los alimentos secos del tipo granos, como ser las lentejas, el trigo en grano, el arroz, el maíz y el vino.  Asimismo se compran las carnes que se almacenan como ser salamines, jamón y bondiolas, luego se le paga  al carnicero la carne fresca que se estima se consumirá en el mes y se retira diariamente.
 
Achicoria, perejil, romero, laurel, limón y otros yuyos comestibles están en la quinta de su casa, “cómo va a andar regalándole  la plata al verdulero”.
 
Las frutas  y verduras  se compran diariamente y siguiendo la oferta de la semana que siempre es la de estación. En esa casa diariamente sus integrante comen una porción de cada grupo de alimentos, eso sí en la versión más económica, repito todos en su casa están obligados diariamente a comer una porción de cereales, lácteos, frutas, verduras, carnes, oleaginosas o huevos, dice que la comida sana y casera,  es mas económica que los remedios. 
 
La lista sería engorrosa, pero sigue una línea de “ingeniería racional” que incluye ahorrar para comprar ropa de calidad  que dure muchos años cuando vence la temporada y alejada de los caprichos de la moda, al igual que los autos que deben tener al menos cinco años en el mercado para ver si son confiables y económicos.
 
Lo estoy “meloneando”  para que me escriba el guión de un programa de radio que se llamaría "Cien mañas para ahorrar plata y terminar la casa", dice que no, que lo único que lograremos con eso es que los zonzos,  al tener casa propia, la llenen de hijos  zonzos.
 
Me hace ver que estas mañas no sirven si es para hacer y consolidar “pobres buenos”, porque los poderosos le van a “bajar el techo”, sirve sí, si la gente hace consiente cada precio y hace consiente que las grandes empresas nacionales y extranjeras nos crean necesidades artificiales y nos meten la mano en el bolsillo, en otras palabras, sirve para avivar incautos y pelear un orden injusto.
 
Me dice que sirve,  si logramos que los consumidores tengan en claro que hoy padecemos  una nueva forma de esclavitud en materia de consumo, y es la de crearnos necesidades artificiales y sobre endeudarnos.
 
Trato de motivarlo diciendo que por ahí andaría el asunto, que en el fondo es un curso de  Ingeniería en el  Uso del Dinero para que la gente aprenda a manejarlo  y  evite esa nueva forma de consumo-esclavo que nos impone la realidad, en el fondo es un curso para liberar gente   y  allí creo lo dejé cavilando, si lo convenzo se viene el curso de CIEN MAÑAS PARA AHORRAR PLATA, tal vez sea por las redes, tal vez en alguna radio, no lo sé,  estoy esperando el guión del maestro.
 
Buena suerte y si quieren ahorrarse unos pesos vayan buscando recetas de pan casero en la red, de un kilo de harina, salen  varios panes y dos prepizzas.


Por Aroldo Argüello

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